jueves, 10 de enero de 2013

Apuntes de 2013. 'Action is my middle name'. Más sobre el disco de Bowie.

-Para promocionar su tour americano, Morrissey ha interpretado 'Action is my middle name'  en el programa de David Letterman. Bien producida en un disco que de momento no aparece en el horizonte (¿será acaso la segunda sorpresa agradable de 2013?), podría tener un agradable tono dulce que recordase a la época del 'Vauxhall and I'.  





-Llegan noticias aún más ilusionantes sobre el disco de Bowie. Según The Guardian, recogiendo declaraciones de Tony Visconti, el sonido de 'The Next Day' será bastante más rock, y a ratos vanguardista, de lo que anuncia el excelente single ahora adelantado. ¿Hay algo mejor de lo que estar pendiente? ¿De veras tenemos que olvidarnos de estas cosas y celebrar las décimas de déficit público que conseguirá reducir nuestro país a costa de la dignidad de la gente común -y dejando incólume a la gente menos común que precisamente ha provocado ese déficit-?


miércoles, 9 de enero de 2013

Apuntes de 2013. Los relatos de Luis Magrinyà.

En una reivindicación de lo mejor de su catálogo, el sello Caballo de Troya reeditó en 2011 los dos libros de relatos de Luis Magrinyà bajo el título "Cuentos de los noventa", en un grueso volumen de agradable tacto rústico que reúne al completo "Los aéreos" y "Belinda y el monstruo", además de otros aparecidos en revistas y que tienen el mayor interés para los lectores de un escritor tan notable como secreto. Esta clase de publicaciones está llamada a tener fugaz presencia en las librerías, como la de un delfín que salte ante nuestros ojos y se hunda en el mar de nuevo; podremos decir que lo hemos visto, pero al cabo del tiempo apenas lograremos describirlo. Ahí está la respuesta a la pregunta inquisitiva que se nos suele hacer a los compradores de libros: sí, ya sé que a veces adquirimos más de lo que nos aconsejaría nuestro ritmo de lectura, pero no lo hacemos con el carácter caprichoso o compulsivo que frecuentemente se nos imputa:, sino conscientes de que esos títulos que nos llevamos a casa tarde o temprano serán leídos, y que de no obrar así tendremos posteriormente bastantes dificultades para encontrarlos. Sí, se nos puede decir que todo está disponible hoy día en internet a través de la compra online, pero sigue sin haber nada comparable a la experiencia estética de entrar en una librería y localizar una de esas piezas deseadas que llevamos siempre en la cabeza o en un cuaderno. 


Magrinyà es un escritor esquivo, de prosa discursiva y próxima al 'grand style' anglosajón a través de la cual se nos plantean con ritmo pausado y levedad argumental los conflictos a que se ven sometidos sus personajes, siempre indecisos y a menudo indolentes. El tono ensayístico -más que narrativo- con el que sin embargo analiza algo tan propiamente novelístico como la vida privada constituye el rasgo característico de su estilo. Un estilo que puede hacer desfallecer a los lectores habituados a la simpleza, efectismo y rapidez de la narrativa contemporánea, pero que reserva el mayor disfrute literario para quienes persistan, pues más allá de tramas y escenas la escritura del autor crea por sí sola suspense y enigma: necesitamos seguir leyendo para saber adónde nos conduce, perseguimos las frases en busca de una resolución que lo es de previos razonamientos -y no de peripecias o aventuras-, y agradecemos la mínima recompensa que por vía de los hechos culmina la narración. He leído en estos días uno de los relatos no incluidos en los libros previos: 'Algunos puntos oscuros de la biografía de Mystère', y lo cierto es que merece colocarse a la altura de los mejores suyos. Mediante el recurso de la glosa a una falsa bio-bibliografía -algo que emplea también el abajo firmante en el todavía inacabado "Apuntes para una biografía del profesor Faure"- el autor nos introduce en una vida de una figura nebulosa, como suelen serlo sus personajes, a través del discurso racionalizado del narrador y, a su manera, nos cuenta una historia que se permite incluso terminar con una discreta vuelta de tuerca. Pero es la mera lectura de esta prosa tan personal lo que nos enriquece y acerca a la comprensión de lo que debe ser la literatura como expresión artística: un camino propio en la generación de sentido, conocimiento y placer estético. 

martes, 8 de enero de 2013

Apuntes de 2013. El lenguaje perdido de las grúas.

David Leavitt tituló así su excelente primera novela. Trataba sobre el tránsito a la madurez de un joven en la Nueva York de los noventa, y en mitad de una familia llena de secretos e imposturas. Hacia la mitad del libro había una escena memorable que rompía la coherencia argumental; desligada del resto de la historia, cristalizaba en ella sin embargo todo cuanto quería contar el libro: el bebé de una madre adolescente, fruto de una violación, se pasaba los días en su cuna, junto a la ventana, desatendido y mal alimentado, llorando constantemente. Pero de repente un día dejó de llorar, y a medida que fue pasando el tiempo ese silencio llamó la atención de los vecinos, que terminaron por avisar a los servicios sociales temerosos de que hubiese pasado algo. Cuando los bomberos derribaron la puerta descubrieron que el bebé había sido definitivamente abandonado. Permanecía en su cuna, y sin embargo se intentaba incorporar en una especie de gesto maquinal y extraño, con uno de los brazos extendidos y un movimiento repetido y en apariencia absurdo. Entonces alguien reparó en lo que se veía a través de la ventana, y que había constituido la única compañía y el único aprendizaje vital del desafortunado bebé: una grúa enorme, con un largo brazo que giraba transportando la carga en una obra cercana. La criatura había aprendido, por imitación, el lenguaje perdido de las grúas.

Recuerdo esa anécdota cada vez que veo a un niño pequeño, incapaz aún de la verdadera maldad, hacer ademán de agredir a un perrito o a un gato, aun por mera curiosidad, aun a modo de juego. No puedo hacerlo responsable: me basta observar a su padre para entender que también él ha aprendido, por imitación, un peligroso lenguaje secreto. Y que costará años de esfuerzo educativo enseñarle la empatía, la comprensión, el amor por los animales o incluso algo mucho más básico: la mera piedad.

Apuntes de 2013. Bowie ha vuelto !!!!!

La mejor noticia, sin duda, de este comienzo de año. Después de su larguísimo silencio, abierto a toda clase de especulaciones, ya nadie apostaba por un retorno musical. Ni siquiera la ceremonia olímpica, donde se le rindió homenaje, o la exposición que se inaugurará en el V&A Museum de Londres parecían reclamos suficientes para hacerlo salir a la luz. A ello debemos sumar la catarata de artículos y libros que trataban de desentrañar los motivos de su silencio. En su momento, tras leer la biografía de Paul Trynka, me apreció acertada la hipótesis de ese autor acerca del deseo más o menos persistente de Bowie por desaparecer, de tal modo que el problema cardiovascular y el nacimiento de su hija habrían sido las excusas perfectas para hacerlo, sin más. Claro que tratándose de una decisión comprensible y respetable en quien llevaba más de treinta años de intensa carrera, se echaba de menos una comunicación a sus seguidores, una despedida, al menos. Para empeorarlo todo, de cuando en cuando la prensa captaba una imagen suya paseando por Manhattan y al descubrir que no se trataba de Ziggy Stardust, sino de un hombre de sesenta y cinco años, se lanzaban a escribir sobre "su aspecto desmejorado" (y uno lo veía y se preguntaba dónde había que vender el alma para llegar a esa edad con semejante desmejoría). Una de las cuestiones que más llamaban la atención de ese enigmático retiro era la ausencia de noticias. En tiempos de internet, cuando todo se sabe, se filtra o se rumorea, nadie podía decir nada acerca de lo que él pensaba o hacía, lo que no dejaba de ser una pequeña victoria por su parte. Tal sólo Tony Visconti se pronunció hace unos meses para explicar que se veían de vez en cuando, intercambiaban discos y DVD's y charlaban como dos viejos amigos y dos señores de su edad... Ah, cabrito!!! Resulta que el bueno de Tony estaba produciendo su nuevo álbum, parece mentira que nadie se diese cuenta de que algo tramaban estos dos. De ahí que la sorpresa de este anuncio de nuevo álbum no pueda ser mayor, y más grata.


"The Next Day", título del disco, estará disponible en marzo. Podemos acceder al tracklist en Itunes, nada menos que diecisiete en la edición deluxe. Pero lo más importante es que con motivo de su cumpleaños, hoy día ocho, ha decidido publicar un nuevo single. Momento feliz, intenso como pocos, el de escuchar un tema nuevo de Bowie en estos primeros días de 2013. 

"Where are we now?" suena extraordinariamente bien. Recuerda un poco al tono de hours..., con aquel "Thursday's child" que lo precedió, pero es más melancólica y emocionante. Remite a sus años en Berlín, y en el vídeo podemos ver a un Bowie echando la vista atrás compungido. Se trata de un tema directo, auténtico y descarnado. El video ha sido dirigido por el artista Tony Oursler -que deja su huella en las figuras grotescas obtenidas mediante la proyección de imágenes sobre superficies ovaladas-, y muestra una creatividad que lo coloca al nivel de los mejores de su carrera. 

No podemos imaginar mejor regalo de reyes, y es de agradecer que estos tiempos oscuros regreso unos de los grandes artistas de nuestro tiempo.



sábado, 5 de enero de 2013

Apuntes de 2013. Gijón.

Hay lugares tan conectados con uno que siempre lo acompañan. Lugares a los que se vuelve siempre con emoción, y de los que se marcha con tristeza. El mío es esta ciudad que siempre contemplé como una tierra prometida. Paso unos días en ella y siento que me guiña un ojo, me da una palmada, me sonríe y me dice: te espero.






viernes, 4 de enero de 2013

Apuntes de 2013. La moda y el futuro.

Durante unos días accedo a canal plus, navego por los canales y caigo en Fashion Tv. Contemplo el backstage de diversos desfiles, entrevistas a profesionales del sector -diseñadores/as, modelos...-, reportajes sobre la elaboración de los últimos números de las revistas de referencia... Y entonces, de repente, uno se queda prendido de esas imágenes impactantes, admirado de la creatividad que ha exigido su elaboración, y de la admirable conjunción de elementos tan distintos: la luz y el color del paisaje, el atrezzo al servicio de una fantasía, el vestuario y el maquillaje de la modelo... No se limitan a "vender" ropa, sino que nos cuentan una historia de la manera más hermosa imaginable, fotografían nuestro presente y al mismo tiempo nos hablan del pasado y adelantan -los creadores más talentosos-, el futuro. La moda es una de las expresiones culturales más apasionantes, divertidas y vivaces del mundo contemporáneo. Y es de lamentar la mirada absurda, estrecha y paleta de algunas ideologías que continúan considerándola un vicio burgués. Cualquiera de estos días grises que nos esperan en 2013, un hombre o una mujer podrán sentirse dignos antes de salir a la calle en el mero gesto de felicidad procedente de una buena elección de vestuario; y de vuelta al hogar, o el fin de semana, se regalarán unos minutos de entretenimiento ojeando percheros, aun sin posibilidad de comprarse nada, o quizá sí, dando satisfacción entonces a meses de ahorro; y a lo largo de la semana habrá también momentos de café o espera en los que la compañía de una revista de moda espantará los fantasmas de la actualidad, tan llenos de palabras -recesión, deuda, hipoteca, quiebra, recorte...- con las que nos han obligado a sustituir las que de veras importan -amor, amistad, sonrisa, música, libro, arte...-. En tiempos en que la economía especulativa nos ha destruido deberíamos aprender a valorar el trabajo de sectores creativos y eficazmente productivos, como el de la moda, que además de generar riqueza y empleo dejan tras de sí un poso de belleza y una notable afirmación de nuestra potencialidad. Basta contemplar los millares de urbanizaciones vacías que recorren nuestro país para darnos cuenta de que nos hemos estado dedicando a la tarea equivocada, dirigidos por personas equivocadas y convertidos en grotescos personajes erróneos. No habiendo nada más que perder, podríamos plantearnos rectificar y empezar a entender que la cultura es el futuro. Ahí están las iniciativas, cada vez más frecuentes, de nuevos negocios relacionados con la creatividad, la producción artesana, la ecología... Claro que requieren formación, exigen trabajo sostenido, no te hacen rico en cinco días ni permiten con tanta facilidad practicar la corrupción y el fraude. Vamos, que muchos preferirán soñar con que volverá "lo de antes". Afortunadamente la realidad no les dejará decidir.

Apuntes de 2013. Catastrofismos.

Nunca como este año han sonado tal artificiosos los buenos deseos, copa de cava en mano, de los presentadores de televisión. Los responsables políticos, con la siempre servil, acrítica y descerebrada ayuda de los medios de comunicación, se han encargado ya, antes de los brindis del 1 de enero, de dejarnos claro que en 2013 no habrá esperanza. Cuesta entender tanta estupidez colectiva. Estos furibundos ataques de realismo en plena época navideña, cuando muchos sectores económicos dependen del buen ánimo con que se afronte el consumo, parecen responder a algún plan secreto de un villano de cómic -¿el joker quizás?-. Duele imaginar a alguien dejando de comprar, de invertir, de arriesgar, por el clima general tan inequívocamente pesimista que nos invade. No es tiempo de falsas esperanzas, por supuesto. Pero quitarnos la capacidad de soñar con un futuro mejor durante sólo cuarenta y ocho horas es algo innecesariamente cruel. Sin duda que no nos hubiese venido mal un poco de ese realismo cuando construíamos aeropuertos, centros de congresos y onanismos varios de arquitectos subvencionados.

jueves, 3 de enero de 2013

Apuntes de 2013: Navidades en Cold Confort Farm (Ed. Impedimenta)

Stella Gibbons nos recuerda que la gran literatura siempre ha brotado en el terreno ínfimo de los detalles: una descripción, un gesto, una escena sin aparente carga dramática. Las historias reunidas en este tomito encantador nos hablan de la soledad navideña -voluntaria a veces-, de emocionantes encuentros causales, de ilusiones hacia las que el año nuevo se muestra impiadoso... La obra de Gibbons debe leerse siempre con media sonrisa, y en un espacio cómodo y elegante que se haga merecedor del libro. A fin de cuentas la Navidad no es sino una excusa propicia para enterrar nuestra cobardía y actuar o, al menos, soñar. Incluso cuando fracasan, los personajes de estos relatos emprenden el vuelo y dibujan una trayectoria hermosa que tal vez lleve a ninguna parte, pero en ese instante mínimo nos regalan esperanza y belleza. No es un logro pequeño para una autora, aunque la visión de género que se esconde tras el canon La Haya situado en los desvanes de "lo femenino". Torpe propósito que los lectores se han encargado de dinamitar.

miércoles, 2 de enero de 2013

Apuntes de 2013: niños y niñas.

Hace poco leíamos en una revista que el catálogo de una importante firma de juguetes holandesa había aplicado el criterio de evitar imágenes sexistas en la presentación de los juguetes. Así, podía verse a un niño y una niña interactuando con una tabla de planchar, compartiendo tareas, en definitiva, que a esas edades se perciben como juegos.

No cabe esperar lo mismo de España, donde el sexismo en la vida pública y privada sigue presente, infranqueable, a pesar de las declaraciones vacuas de los departamentos políticos correspondientes. Nos hemos acercado a una librería a comprar los regalos de navidad y nos hemos encontrado con este par de cajitas de trucos de magia y otros entretenimientos:
 














Desde la misma portada ya se les enseña que hay cosas que pertenecen invariablemente a las chicas, y otras a los chicos. Incluso en la de éstos se deja bien claro que su contenido está vedado para ellas. Cuesta encontrar justificación a semejante estupidez, sobre todo cuando el interior, tan supuestamente marcado en cuanto al sexo, lo es si acaso por el impresentable subrayado del comerciante, y nada más.

Y al verlo no podemos evitar pensar que la historia de 2013, en lo que atañe a cuestiones como la igualdad o la violencia de género, ha comenzado a escribirse en la cubierta de estas cajitas de juegos.

martes, 1 de enero de 2013

Apuntes de 2013: dilemas.

Inicio con esta entrada una colección de "apuntes de 2013". La vida del blog, a lo largo del año que comienza, se verá liberada de la sobrecarga de trabajo que durante alguno de los precedentes me han supuesto las reseñas. No se trata de que lo anterior o lo nuevo sea más o menos acertado, sino de responder a las meras, y a veces apremiantes, necesidades de la vida y la literatura. 

2013 debe proporcionarme tiempo para mi formación y tiempo, sobre todo, para mi tercera novela, de ahí que vaya a frecuentar bastante menos el reseñismo: sólo acudiré a él cuando el mensaje precise ser comunicado al mundo con urgencia, ya sea para compartir un libro maravilloso o para evitar las tragedias que se derivarían, sin mi abnegada intervención, de la mala literatura. 

Si echamos la vista atrás debemos lamentar lo mucho que está transformando la realidad esta crisis económica. Siempre se mide el sufrimiento en estadísticas generales y en términos duales: desempleo y trabajo, por ejemplo. Pero más allá de ello hay muchos proyectos personales, fantasías, aspiraciones compartidas que se han venido abajo. Y quizá la mejor manera de afrontarlo consista en hacer compatible el esfuerzo por abrirse camino en el desastre y la capacidad de disfrute de lo cotidiano. No podemos perder la ilusión, el deslumbramiento y la sonrisa. Es algo, por ejemplo, que constantemente trata de enseñarnos nuestra perrilla: mira, aquí estoy, tumbada en este único punto de la casa donde ahora mismo da el sol, ¿cabe desear algo más?. Claro que no.

Volviendo a la escritura, de nuevo se presenta ante mí el dilema géminis que me ha acompañado toda la vida. Nunca he creído demasiado en los signos zodiacales, pero a medida que he ido escuchando a otras personas que los tienen en mayor estima, no dejo de sorprenderme de lo mucho que el mío habla de mí. Los géminis vivimos encarando siempre el doble camino, el punto de bifurcación. Y damos unos pasitos en la dirección que escogemos, pero apenas iniciados empezamos a pensar si no nos habremos equivocado, y entonces se nos ocurren mil argumentos con los que justificar que en realidad la buena era la otra... Para a continuación hacer lo mismo con el camino rectificado. Sólo cuando la cosa se hace ya irreversible aprendemos a aceptar nuestra decisión y trabajar por ella. 

Me encuentro a principios de año con dos posibles proyectos novelísticos, y debo elegir. Ambos serían previsiblemente extensos, así que no resultan compatibles. Empezaré con mis dudas y mis pasitos, y ya veremos. Cuando era niño solía jugar de portero de fútbol, por un lado me fascinaba su papel, la peculiaridad de sus movimientos, y la firmeza que debía transmitir -además de las equipaciones maravillosas de las estrellas de entonces: Arkonada, Urruti, Sempere...-; pero al mismo tiempo me abrumaba la responsabilidad, y debía reconocer que en mi elección pesaba también lo torpe y poco ágil que me sentía para ser jugador de campo. Recuerdo muchas horas de fútbol en la infancia, pegado a la portería, como un sufrimiento en espera de la amenaza de los delanteros contrarios, y como un anhelo secreto de poder estar allí en medio del campo y pelear por el balón, dar un pase, marcar un gol... Con los años me di cuenta de que el lugar en el que podía desempeñar un mejor papel era la portería; y el que más me divertía, el de los jugadores de campo. 

Quizá deba ahora aprender de aquello, observar los dos caminos que tengo ante mí y echar a andar por aquel en el que mejor me lo pase. Tan sencillo como eso. A veces Betty también tiene sus "momentos géminis": estamos jugando en el pasillo, yo le tiro la pelotita de tenis y ella corre, la coge con la boca y me la trae -es muy cómico ver cómo también intenta "tirarla"-; pero en ocasiones, cuando regresa con su pieza, se encuentra de repente en el trayecto con otro de sus muñecos, y se queda parada, confusa, como pensando "¿cuál de los dos me llevo?". Sin embargo el dilema dura apenas unos segundos: la pelota es lo que mas la divierte.

Pues eso.