sábado, 18 de septiembre de 2010

'Una cuestión de prueba', finalizada.

Ayer por la noche escribí la última frase de 'Una cuestión de prueba'.


Hace tiempo que he perdido el pudor en lo relativo a la entradas del blog, así que no tengo reparos en consignar aquí lo que ha supuesto para mí, de forma que en un futuro pueda releerlo y acordarme de ello. La vida está llena de tropiezos, heridas y silencios, y en ocasiones es uno mismo el que debe detenerse y evaluar lo hecho, darse una palmada en la espalda y seguir adelante. Quienes posean un mínimo aprecio por la literatura lo entenderán, y a los que no les parecerá ridículo, o una patética manifestación de ego. Lo cierto es que cualquier vocación creativa de cierto peso ha de llevarse necesariamente en medio secreto, permitiendo sólo a unos pocos que accedan a ella, o bien, como en este caso, haciéndola pública para un número indescifrable de desconocidos que, por serlo, no pueden entrar en tu jardín y pisotearlo, o tal vez lo hagan y se conviertan en amigos. Cualquiera que intente hacer "algo" que se escape de la rutina diaria trabajo-tareas domésticas-sueño en seguida encuentra decenas de voluntarios dispuestos a cuestionárselo: para qué lo haces, ¿esto te servirá?, ¿progresarás en el trabajo?, ¿ganarás dinero?... Especialmente cuando se trata de una actividad perteneciente al mundo intelectual. Es más comprensible que te apuntes a bailes de salón o spinning.


Amigos/as, defendámonos frente a ellos. A veces hay que decir "basta" a la vida, parar el tiempo, reflexionar sobre lo que uno hace y, si acaso, felicitarse.


"Una cuestión de prueba" es mi segunda novela larga. Comenzó hace dos años y medio aproximadamente con una conversación entre Nuria y yo en la que le comenté a grandes rasgos el argumento. Me pasé un tiempo inquieto por lo que podría suponer de cambio en lo que hasta entonces había escrito, pero al mismo tiempo no era capaz de dejar de hacerlo. Ha habido algo sorprendente, mágico, en este proceso que nunca hasta ahora había vivido. Siempre me he sentido identificado con el proceso creativo que Javier Marías denomina "errar con brújula", cuando me sentaba a escribir tenía una idea, una imagen, acaso unos hechos, y empezaba; poco a poco los personajes iban creciendo, las cosas tomaban otra dirección, y no sabía cuándo ni dónde iba a terminar. "Una cuestión de prueba" ha sido completamente diferente. Pese a su extensión, desde el primer momento tenía claro cada capítulo, y casi cada escena, quizá porque la he ido escribiendo en la cabeza incluso desde mucho antes de que lo hablase con Nuria. La metáfora del embarazo, o la más escatológica del vómito, pueden servir. Durante los últimos meses, especialmente, me he sentido presionado por la novela, con una necesidad casi fisiológica de expulsarla fuera de mí, y sin embargo muy consciente de que debía hacerlo poco a poco, midiendo cada palabra. Muchas veces me he sentido nervioso porque compatibilizar todo esto con las exigencias del trabajo y los estudios que he estado realizando se hacía muy arduo. A día de hoy llevo varios meses durmiendo unas cinco horas diarias, recuperando algo sólo un día del fin de semana, y vuelta a empezar. De forma paradójica este cansancio permanente me situaba en una especie de estado creativo del que creo haber sacado rendimiento.


Ayer escribí fin y me despedí también de unos personajes que han venido creciendo ante mis ojos durante este tiempo, hasta convertirse en amigos, gente entrañable de la que ahora me entristece no volver a saber, en principio, sin fecha determinada. En ese mundo paralelo en que se convierte la literatura he estado conviviendo con ellos, preocupado por sus avatares, haciéndolos vivir, en definitiva. Ayer les dije hasta pronto, espero. No puedo olvidarlos.


Comienza ahora la última revisión, porque en realidad ya se ha venido haciendo de forma paralela a la escritura, y después su ofrecimiento a los lectores/as. Trataré de que sea a través de una editorial convencional, y si no recurriré a Bubok, al igual que en los casos precedentes. Tendré que ver cómo lo hago, porque en un formato similar a las anteriores alcanza ochocientas páginas, y debería salir en dos tomos. En A4 son seiscientas y pico. Es extensa, en cualquier caso, pero no me cabe duda de que debía ser así.


Ya habrá turno para que hable más de ella desde el punto de vista estrictamente literario, pero de momento necesito hacer algunas reflexiones.

-En primer lugar, dar las gracias a Nuria por su apoyo permanente, cuántas noches, al sacar a pasear a Betty, hemos estado hablando sobre la novela, cuántas veces me ha escuchado, me ha dado ánimos... y me presiona ahora para que se la entregue ya. Hemos vivido una temporada inolvidable juntos, de muchísimo esfuerzo pero muy estimulante. Ella ha estado confeccionando su tesina de posgrado en estudios de género, y han sido numerosas las horas que hemos compartido poniendo en común ideas y proyectos. Estoy muy orgulloso del resultado de su trabajo, de cómo en estos tiempos que corren de acoso a los derechos de los ciudadanos, y más específicamente de los trabajadores, alza la voz, sostiene la bandera en mitad de la tormenta, y pone encima de la mesa un estudio técnicamente muy riguroso, e intelectualmente muy sugerente, sobre los nuevos derechos de conciliación. Espero que "Una cuestión de prueba" la haga sentir también orgullosa a ella.


-¿Y Betty? Cómo no voy a agradecerle a mi pequeña perrilla que cada mañana, a las 5.45, antes incluso de que sonase el despertador, se acercase a mi cama, se pusiese en pie, se sujetase al colchón con una patita delantera y me despertase tocándome en el brazo con la otra: "tap tap". Luego, cuando yo me levantaba y me sentaba a escribir, volvía a su cama perruna y cerraba los ojos. Así día tras día, durante meses (tiene sólo año y medio). Ha estado siempre acompañándonos, sin ladridos ni insistencias cuando se retrasaba su hora de paseo por culpa del trabajo. Gracias, pequeña (menos gracias y más galletas, diría ella).


-También quiero agradecer el aliento que he recibido de un puñado de gente encantadora que han tenido acceso al jardín secreto, que han leído alguno de los libros anteriores y me han animado, o que simplemente lo han hecho a través de esta comunicación virtual, siempre con generosidad y cariño. Han sido también importantes para sostener el empecinamiento de completar la novela.


En fin, ahora toca revisión, ofrecimiento, espera y emoción. A efectos prácticos, no la colgaré de momento por aquí, salvo tres capítulos a modo de avance, dado que estará probando fortuna por esos mares turbios de la edición española. Pero de cualquier modo, siempre habrá posibilidad de leerla para aquellas personas a las que me he referido antes.


Me espera un año de descanso en cuanto a la ficción se refiere, lo necesito porque ha supuesto un esfuerzo mayor de lo previsto. No será descanso de la escritura, porque pronto -confío- retomaré el blog, hay un montón de libros interesantes esperando ahora en la cola de lectura, y seguiré hablando de ellos. También siento cada vez más la necesidad de profundizar en mis estudios de derechos humanos, y seguramente volveré a escribir sobre el tema, ya sea con Nuria en el blog de Cuarto Propio juristas, o aquí.


A lo largo de la creación de este libro me ha acompañado mucha música, desde clásica o contemporánea a "mi" pop de siempre. Dentro de esta última categoría puede entrar un delicioso tema de Robyn que conocí por un vídeo de Youtube hace un par de meses. La canción me gustó mucho, y también el clip, una suerte de invitación al viaje, a la errabundia y la amistad. He estado esperando a que saliese a la venta de alguna forma, pero leí que hasta septiembre no estaría disponible ni en las tiendas ni en Itunes, tampoco en Spotify, así que de cuando en cuando volvía a poner el vídeo en Youtube para verla y escucharla.

Ayer, justo ayer -la magia-, cuando iba a concluir las últimas frases de la novela, abrí el Spotify y allí estaba, y también en Itunes. Es inevitable que la vaya a asociar a esta época, al igual que la discografía de Max Richter, especialmente adecuada en algunos capítulos.

Pero el final irá unido para siempre a un tema tan jovial y encantador como este "Hang with me", de Robyn.

Se ha acabado una etapa. Pero el viaje continúa.