domingo, 28 de febrero de 2010

"La invención de los Derechos Humanos", de Lynn Hunt. La literatura estaba allí.

Interesante ensayo de la profesora Hunt que no se refiere tanto a las circunstancias jurídico-políticas que dieron origen a las primeras declaraciones de derechos con carácter más o menos universal cuanto a las transformaciones de fondo que se produjeron en el pensamiento colectivo para propiciar tales acuerdos.

Entre lo más fascinante de aquel complicado proceso se encuentra el papel que la narrativa jugó en el cambio de la percepción del mundo que del alguna manera lo originó. La autora nos cuenta cómo la popularización de determinadas novelas (Pamela y Clarissa, de Richardson, y Julia, de Rousseau) provocó que, por primera vez, los lectores sintiesen como propias las experiencias ajenas, aun de personajes de ficción. No podemos pasar por alto el hecho de que las protagonistas de todas ellas fuesen mujeres, y sin embargo el fuerte efecto de identificación que proyectaron alcanzó incluso a solemnes prohombres de la época, que confesaban sin pudor haber llorado por causa de los infortunios de sus heroínas. No nos entusiasmemos por ello, una de las últimas secciones del libro nos relata cómo las mujeres quedaron ausentes de los debates y, por ende, de los textos finalmente aprobados, lo que motivó la réplica de Olympe de Gouges, en 1791, en forma de "Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadanía", o la Vindicación de los derechos de la mujer, que publicó Mary Wollstonecraft un año más tarde.

Volviendo a la literatura, no sólo las historias que relataban aquellas novelas fueron las responsables de el "efecto empatía" al que se refiere Hunt. Más allá de sus melodramáticos argumentos, fue la técnica empleada en transmitirlos lo que afectó profundamente a los lectores y lectoras de la época. La narrativa epistorial, frente a la antigua voz omnisciente de tintes cuasi divinos, revolucionó el punto de vista e implicó a la gente común en las vidas, igualmente comunes, de sus semejantes. Produce regocijo reparar sobre este hecho, en el que uno nunca había reflexionado. El poder transformador de la palabra escrita como medio de expresión artística se pone de manifiesto, y esta vez para bien. Ello contribuyó al proceso de progresiva "inidvidualización" que hizo a los seres humanos tomar conciencia de su propio cuerpo, comenzar a cultivar su intimidad en los hábitos domésticos, y la experiencia interna de la apreciación del arte en sus más diversas manifestaciones.

Junto la literatura, es el pensamiento jurídico el que más influye para la creación de un "nuevo orden secular". En el siglo dieciocho se promueven las importantes reformas procesales que culminarían en la eliminación de las "cuestiones previas", esto es, el empleo generalizado de la tortura como medio para obtener confesiones de culpabilidad o delación. Desde la misma reflexión jurídica, de la mano del derecho natural, germina la idea de que todo ser humano es titular de una serie de derechos, y las Declaraciones, la de Independencia Americana de 1776 y la Francesa de 1789, ejercen un papel difusor fundamental. De nuevo podemos afirmar que el lenguaje adquiere la máxima importancia en este contexto: el énfasis y la solemnidad literaria de esos instrumentos jurídicos proyectaron sobre ellos un halo de verdades universales que, lentamente y con no pocas dificultades, acabaría alcanzando una implantación social irreversible.
Y es que Hunt también da cuenta de las resistencias existentes desde la religión, el pensamiento conservador y el nacionalismo surgido como reacción al imperialismo napoleónico. Y no deja de consignar la profunda contradicción entre el carácter teóricamente universal de los derechos y la total ausencia de consideración de minorías raciales, sexuales, de clase, etc., que en la práctica no llegaron a ser titulares de ellos. Sin que lo dicho obste al milagroso avance que supusieron, hasta el punto de que uno contempla con alivio su existencia en textos legales ya consolidados, al tiempo que imaginamos que muchos poderes fácticos lamentarán que así haya ocurrido.
De eso se ocupa este libro admirable, de entender el porqué de la primera frase con que se abría la Declaración americana: "sostenemos como evidentes estas verdades...". A día de hoy podemos decir que cada vez son más evidentes. Ya sólo falta que aplicarlas a todos y todas de una manera real y efectiva.

jueves, 25 de febrero de 2010

Everybody's lost

Desde la época de los Smiths, Mozz se ha caracterizado por cuidar mucho las caras B. Incluso en un disco tan maltratado como Maladjusted encontramos dos de los mejores temas que haya escrito nunca, "I can have both" y este maravilloso Lost:

Jet trails in the sky

Leave one word behind

A hand bangs into sand a name
And we all understand Everybody's Lost
But they're pretending they're not Lost Oh, Lost




Por cierto, este cantante en principio desconocido, pero de una hermosa voz limpia, tiene colgadas en youtube unas versiones excelentes de Morrissey, incluso de algunas de sus canciones más secretas. Aquí está Lost:


jueves, 18 de febrero de 2010

"El punto de vista", Henry James quintaesenciado.

Prosiguen las editoriales pequeñas ofreciéndonos obra inédita del maestro, mientras las grandes se empeñan en reeditar una y mil veces sus novelas mayores con la única variación del cuadro de Sargent que ocupa su portada (¿cuántas veces nos hemos encontrado ya "Retrato de una dama" en las mesas de novedades, sin ni siquiera cambiar la traducción?).

El sello argentino "La compañía" ha publicado este texto, 'El punto de vista', de extraordinario interés para los jamesianos/as por lo que tiene de sorprendente condensación de sus técnicas e intereses: encontramos en él los temas centrales de la narrativa de James, el pulso entre inocencia y corrupción, los alambicados juegos seductores, la contraposición entre dos rivales amorosos que representan valores opuestos y, en el centro de todo ello, una figura femenina novedosa para la época por su resolución e independencia, acosada con frecuencia por otras congéneres, pacíficas sostenedoras de los peores atavismos masculinos.
La peculiaridad de esta obra estriba en el modo como se relatan los hechos, en una especie de ejercicio técnico que anuncia mayores -y mejores- empresas, al ir alternando el punto de vista de los personajes principales y sus adyacentes mediante el empleo de la argucia epistolar. Por otra parte, el contenido en sí dista de ser narrativo al uso, frecuentando en muchas de sus páginas el retrato de paisajes y costumbres que cultivó igualmente el maestro en sus libros de viajes. Todo ello, pues, lo conforma como un título esencial en la trayectoria del autor, si bien no tanto para sus lectores de a pie cuanto para los adeptos o especialistas.
De cualquier modo pienso que no encontramos aquí al innovador de hondo alcance y sentido en la historia literaria que llegó a ser, sino al novelista de mediana edad que, tras haber compuesto una obra que ya de por sí lo hace merecedor de la posteridad, comienza a reflexionar sobre los límites de la narrativa y toma aliento para superarlos. Así es que la técnica del punto de vista resuelta en este libro no es sino un ensayo, o quizá una intuición, que cristalizará cuando se adapte al uso de la tercera persona "limitada", ese narrador falsamente omnisciente de sus grandes títulos que se proyecta a través de uno o varios focalizadores con una fidelidad escrupulosa a sus posibilidades de ver y conocer.
Merece la pena, no obstante, leer y apreciar este volumen como un Henry James quintaesenciado, pese a que no sea la mejor manera de iniciarse en él ni tampoco de comprender su verdadera importancia. Se trata de una pieza más, aunque central, de las que completan el cuadro jamesiano, cuya altura estética, riqueza y profundidad seguirán deslumbrando a los lectores y lectoras por siglos que pasen.

lunes, 15 de febrero de 2010

Premios goyescos "La mala bestia en la jungla"



1.- Premio "Cara hundida en el barreño" o "Pero a ti quién te ha maquillado, criatura":


La única nominada y ganadora con ventaja y prepotencia es esta especie de Valquiria dorada o Deidad de bisutería en que se nos convirtió anoche Belén Rueda. Uno no sabe si llevarse las manos a la cabeza o inclinarse ante ella y pedirle salud y trabajo. O quizá, abrir una de las botellas de Freixenet que parece anunciar, y bebérsela a morro.



2.- Premio "Con lo/a fino/a que tú eras" al macarreo o la vulgaridad indumentaria:


Los nominados son


Emma Suárez por "Retrato de una dama (?)"



Eduardo Noriega por "El tigre del norte":




Y el ganador es... Eduardo Noriega, por esta minuciosa recreación de un narcotraficante fronterizo. La foto se corta a la altura de los muslos y no nos permite ver su calzado, que imaginamos serían una botas de piel de serpiente albina.


3.- Premio "Este domingo, con su periódico, primera figura del tablero" o "Ícaro", por aquello de intentar alcanzar los cielos y en realidad caer en picado y darse el hostión:


Los nominados son:

Oscar Jaenada por "Este año, en carnaval, yo voy de Joaquín Cortés"


Paz Vega por "Y yo de Joan Collins con resaca"



Pilar Castro por "Si todo el mundo cantara una canción que hable de paz, que hable de amor"






Y la ganadora es ... Paz Vega, por su sencilla interpretación de una diva del cine alcoholizada, adicta a la laca, o mejor, a las pelucas con laca, los bolsos pequeñitos y los vestidos-coraza que se ponen con ayuda de tres estibadores portuarios que la alzan y la dejan caer en su interior.




4.- Premio "No era tan complicado" o "Menos es más" a la más elegante, espléndida, atractiva.

Concedido ex aequo, y a dedo, a:

La excelente actriz Marta Etura, por introducir color en nuestras vidas, aunque el peinado a punto estuvo de malograrlo.




La no menos extraordinaria Lola Dueñas, sencilla y elegante. Con su sonrisa, todo sobra.





Y qué guapa Maribel, con esa sombra de ojos y esa sobriedad tenebrosa. La triunfadora de la noche, en mi inmodesta opinión.



5.- Menciones especiales:

Premio "Enano de David Lynch" a Bimba Bosé, por su valiosa aportación marciano-surreal a la noche, en este esforzado papel de administrador de fincas sueco.


Premio "A mí me has ganao pa siempre" a María Reyes, por llevar a su perrito a la gala más elegante que ná. Sí señora, nuestros amigos en todas partes, ¡¡perrufos al poder!!






Premio "Ellaaaa... vive enamorada y él no sabe naaada" a la mujer mujer española, la de siempre, la de pelo al viento y sonrisa morena, la de rompe y rasga, la de bandera, la de esta España mía esta España nuestra, la del chato vino, la cinta lomo, las banderillas y el piropo:

Penelopeolé!!



Premio "diversidad" a la Academia de Cine por haber incluido entre las estrellas de la noche al ganador del Festival de Drag Queens del Carnaval de Tenerife....



... ah, no, coño, si era la Verbeke!!

"Historias reales", de Margaret Atwood. El pulgar concienciador.

Gracias a Bruguera continuamos accediendo a la producción poética de Margaret Atwood. Parece ya un tópico afirmar, cuando nos encontramos ante los libros de poesía de un novelista, que ambas facetas presentan numerosos puntos de conexión. Sin embargo esto es especialmente cierto en la obra de Atwood, e "Historias reales" es un buen ejemplo de ello.

Abre el volumen un prólogo de la autora en el que reflexiona, con el humor irónico habitual, acerca de sus comienzos en la escritura poética. La imagen del dedo pulgar que desciende del cielo, aprieta su cabeza y le regala un poema tal vez no agrade demasiado a los fundamentalistas de la escritura artesana, pero la realidad es que la poesía, a diferencia de la novela o el relato, tiene algo de mágica e imprevisible invocación del lenguaje. No pocas veces surge así, como un fogonazo de palabras que se ordenan solas en la mente, por mucho que quizá responden a determinados estados emocionales o apreciaciones estéticas.
Muchas de estas circunstancias pueden apreciarse en las "Historias reales" de Atwood, donde la contemplación inquieta o amenazada de la naturaleza, la preocupación política o la perspectiva de género se asoman en una escritura humorística y densa, a ratos descriptiva y pocas veces ensimismada en el puro lenguaje. La narradora-poeta o poeta-narradora parece pugnar en ocasiones entre su llamada a la palabra dotada de lirismo y la querencia por el cuento, la escena fugazmente captada o la reflexión casi ensayística. Esta tensión se resuelve en favor de una diversidad de tonos y temas que hacen la lectura sorprendente e intensa. Pasamos del agua, la arena o los jardines y sus pequeños habitantes a la intimidad susurrante de "Hotel" o la sobrecogedora alusión a la tortura y la degradación del cuerpo femenino en "Un asunto de mujeres". La política hace aparición para mostrarnos su lado más siniestro, el que convierte los seres violentados en banderas.
En la sección final retorna la Atwood meditativa, que juega con la propia escritura poética como en una suerte de galanteo, alejándose y acercándose de esa condición irrechazable que, por obra de un mágico dedo pulgar, la ha convertido para siempre en una "contadora de mentiras mundanas".
Absolutamente recomendable esta faceta de una autora carente de fisuras, que libro a libro ha construido una obra imprescindible en cuanto a su vigor moral, talento narrativo y reinvención del lenguaje poético.

La soledad (II).

Pues al igual que hay luces que dan oscuridades
y formas de vestido que desnudan ambientes,
también hay compañías que nos hacen la soledad más sola
pues hacen evidente en grado sumo aquello que nos falta
a la vez que la angustia, la impotencia de poder alcanzarlo.

Fragmento de un poema del profesor José Luis García Rúa, "Adiós, Gijón, adiós", incluido en el tema final del álbum de Mus, "Divina Lluz". No lo he encontrado para linkearlo, pero recomiendo que los amables lectores/as se hagan con él. Se trata de un simple recitado del autor sobre un emocionante y crudo fondo musical. Es difícil escucharlo sin que se te salten las lágrimas. Este notable autor, filósofo anarquista, militante de la CNT, lo escribió a propósito de su salida de Asturias en el exilio, pero ocurre en toda gran literatura son diversos los sentidos que cabe extraer de sus versos.



Luego, cesa de llover
y en un llano del tren vuelve el silencio.
Afuera, unas figuras a lo lejos quietas
y tanto más fugaces a la visión que quiere aprisionarlas
cuanto más cerca están de la ventana.
Adentro, una tristeza honda, un llanto contenido,
un viaje sin conciencia de su término claro,
un hombre sólo y triste,
igual que una hoja muerta
llevada por el viento

lunes, 8 de febrero de 2010

Sinopsis de 'El hombre que espera'.

Continúo con el proceso mañanero de revisión de la novela corta 'El hombre que espera'. Tal como va calculo que tendrá alrededor de ciento cincuenta páginas. Nadie la espera, pero mi propia ilusión me recompensa. Hoy he escrito una breve sinopsis, y ando dándole vueltas a la portada, dentro de la línea de sobriedad de los anteriores libros. Este tendrá que tener necesariamente color cereza. Me gustaría tenerla lista el mes que viene, ratito a ratito cada mañana antes del trabajo, y con algún impulso de fin de semana o una tarde afortunada. Aquí va la sinopsis que ocupará la contraportada:

Quién no conoce a The Cherry Sisters. Quién no ha bailado o tarareado alguno de sus grandes hits, como “Forever in love” o “Love me forever”. Ningún otro grupo pop de nuestro país alcanzó tanto éxito en Europa y Estados Unidos, fueron las que más vendieron, las que más conciertos hicieron, las que ocuparon más portadas de revistas y las que más veces incluyeron la frase “me dejaste sin decir adiós”, en inglés o español, a lo largo de su discografía. Claro que treinta años después, a punto de su retirada, las cosas han cambiado un tanto. Desde hace tiempo son una rareza kitsch, objeto de crueles parodias y el desdén del público que tanto las encumbró. De ahí que el encargo que recibe un cínico y prestigioso periodista político para cubrir su último concierto, en Ventura, pueda ser interpretado como un castigo y una humillación a cargo de sus poderosos enemigos. Resignado a llevar a cabo la tarea, nada le habría hecho imaginar que se convertiría en la más memorable de su trayectoria.
“El hombre que espera” trata de sortear la luz del éxito y colarse en sus trastiendas para conocer las manos invisibles que, en soledad, lo sostienen.

"The The" en RDL.

El último número de Rock de Lux dedica su revisión a The The, Matt Johnson, uno de mis músicos favoritos. Escasos discos en una obra minuciosa, brillante, arriesgada, una de esas personalidades atípicas que perduran por mucho tiempo que pase. Sería largo hablar de su discografía y ando ahora escaso de tiempo, así que me limitaré a recordar una de las mejores canciones jamás escritas: "Pillar box red":

"Todo ha cambiado

aunque permanece exactamente lo mismo.

El sarcasmo, las amargas observaciones

que te atraviesan el pecho, los abrazos vacíos,

la furia contenida, el cielo que llora,

los días sin sombra.

Amo y odio este lugar.

Huí, pero no he podido

escapar"

Una biblioteca.

El olor y sus recuerdos


de aquel muchacho vencido


que buscaba entre las páginas


maneras de no morirse.

La bondad y la burla.



(A D., que no existe)








Me pides que lea


tu libro de hojas negras.


Páginas de duelo y herrajes,


contornos que te muestran


y sin embargo te encubren.


Paseas con él bajo el brazo,


a la luz de todos,


y llenas tu silencio con su aleteo,


cuando al abrirlo se cierra el mundo,


y con dedo divino ordenas las cosas.


"Cógelo", dices,


mientras sacas de mi bolsillo


un puñado de monedas.


"¿Verdad que es fascinante?", dices,


con la boca llena de mi pan


y las piernas cruzadas sobre mi mesa.


Antes de irte recoges


tu libro de hojas negras.


Te oigo luego entrar


en la casa de al lado.


Tal vez ellos lo lean y, como yo,


descubran su transparencia.


Cola Jet Set en Madrid, 6 de febrero.

El sábado tocaban en el Neu! Club (la sala Galileo, vaya), y no dudamos en desplazarnos desde Alicante para verlos. Este grupo de gente encantadora es responsable de algunos de los momentos más dulces que he vivido el año pasado, su música acudió en mi rescate en muchos otros, y en general uno siente hacia ellos un afecto casi familiar que pocas veces se experimenta con los artistas.
En esta ocasión se presentaban como un postre delicioso enriquecido con tres aportaciones: un teclista y dos voces (Shalalá y Subidubi, nada menos), la Super Cola, tirando la casa por la ventana en tiempos de crisis.
Pese a algunos problemas de sonido, el concierto fue una maravilla. Arrancaron con esa cara B definitoria de su último EP, Cola Jet Set 100%, y luego fueron cayendo sobre todo temas de "Guitarras y tambores", en realidad el disco entero salvo dos, si no me equivoco. En directo suenan más acelerados, vibrantes y bailables, a ratos irresistibles, incluso para quien no los haya escuchado antes. Y es que la interpretación hace mucho, y la suya te contagia de estusiasmo por la música. Si hay algo que los caracteriza es que se lo toman en serio, pero no con la pedantería de tantos otros, me refiero a que esta clase de pop se presta mucho a la ironía y la autoparodia, y no hay ni rastro de ellas en sus actuaciones. Quizá eso los hace auténticos. Con sus pequeñas coreografías y gestos (el teléfono acosador, los dedos apuntando al teclista o al batería en algunos momentos, los pasos y vueltecitas de las chicas, esos vestidos retro...) te dan a entender que disfrutan sinceramente con lo que hacen, y cómo no vas a hacerlo tú cuando los ves, entonces.
Quedan para un recuerdo perdurable el encanto de Ana (genial su alusión a que cuando tocaba el teclado no había problemas de sonido), la sobriedad de Kris (autora de uno de sus mejores temas, Chocolate y té, qué maravilla), los gestos convulsos de Joan a la batería y la perfección técnica y el dominio de la situación del entrañable Felipe, ese pater familias al que uno imagina como jefe de la manada con gesto amable pero mano de hierro. No estaría de más, por cierto, un homenaje a este excepcional autor de canciones, responsable de piezas pop que ya son historia de nuestra música. No hubo más que ver el final del concierto, con dos regalos de los Fresones, y la reacción que provocaron en el público. Pero es que muchos de los temas de la Cola siguen o superan ese nivel: "Suena el teléfono", "En esta pista ya no se puede bailar", "Guitarras y tambores", "Quiéreme", "Cosas que nunca se olvidan", "Prometiste volver" (qué bien suena en directo)... En realidad lo tienen todo para el éxito mayoritario, aunque por otro lado uno se siente satisfecho de permanezcan un poco secretos, como una caja de música escondida en un desván al que subimos cuando lo necesitamos o nos apetece para abrirla y recibir consuelo de su belleza.
En fin, regresa uno a la vida cotidiana con el ánimo melancólico, como de vuelta de un universo paralelo lleno de colores y buenos sentimientos. Poco más podemos pedirle al arte. Gracias.
P.D.: me advierten de que al mencionar a los miembros de la banda se me ha olvidado Alicia... lo siento!!! Ocurre que al ocuparme del gran Felipe perdí ya el hilo, pero por supuesto, mi admiración y reconocimiento para esta mujer-orquesta (cantante, instrumentista, compositora) que tanto está aportando al grupo. Quede reparado mi error.

jueves, 4 de febrero de 2010

"Fin", de David Monteagudo, en El Acantilado. El signo de los tiempos.

Lo que caracteriza a ciertas expresiones artísticas que en algún momento han merecido el calificativo de punk, postmodernas, pop, o cualesquiera otras similares en cuanto a su contenido, es el empleo de las herramientas propias de cada arte conscientemente alejado de los cánones formales que hasta entonces le estaban atribuidos. Así se crea, paradójicamente, un estilo, aun por contraposición a otro. Igualmente legítimos, pues, resultan el desaliño de Bukowski, la sequedad de Carver, o el párrafo intrincado de James. Lo mismo podemos decir de la riqueza o variedad idiomática, muchos autores gustan del barroquismo y la palabra arcaica, otros de la prosa funcional, de los coloquialismos o la experimentación verbal. Nada de ello, en principio, sería merecedor de prejuicios por parte de los lectores, puesto que a fin de cuentas se trata de una más de las técnicas literarias que, en conjunto, conforman la obra. Y lo importante, al final, es su calidad. Ahora bien. En todos estos casos hablamos de un lenguaje personal, imitable o no, pero inequívocamente propio del escritor, con independencia de que nos guste más o menos.
Una entrevista con el autor de "Fin", David Monteagudo, suscitó mi interés por leer esta novela. El argumento inquietante, su afán de "historia de personajes" más que de misterio... Eran ingredientes lo suficientemente atractivos para optar por ella. Entonces la abro y me empiezo a encontrar con esto: "en un tono apremiante, descortés", "palabras prudentes, desconfiadas", "frases entrecortadas, interrumpiéndose", "mirada más reflexiva, más atenta", "información de más sustancia, más densa", "sonido no articulado, gutural", etc., etc.
Las que he transcrito, y no son todas, pertenecen a las tres primeras páginas.
A ello podemos añadir el constante, persistente (permítaseme la parodia) empleo del adjetivo delante del nombre, como si estuviese así preceptuado en las tablas de la ley del escritor: "anónimo llamador", "total silencio", "expectante quietud", "malicioso brillo", "largo silencio"....
Este libro te obliga a levantar la vista de la lectura en algún momento y preguntarte: "¿es una broma?". Desgraciadamente no sólo no lo es, sino que se trata del boom de la temporada. Lamento que ocurra así, ya que me siento identificado con el autor en su dedicación casi clandestina a la literatura, mientras desempeña otro trabajo que nada tiene que ver con ella. Mi reparo lo hago como lector, puesto que en condición de autor no soy quién para aconsejar nada a nadie. En ese sentido pienso que debería tomarse las cosas con calma, hacerse dueño de su lenguaje (con toda la libertad que permite) y dejar de "tratar de escribir bien". A lo mejor son lecturas lo que le falta.
Nada más lejos de mi intención que ser el típico cascarrabias que va buscando pequeños errores sintácticos en la prosa. Tampoco, como he dicho al principio, considero que uno deba ser Juan Benet para escribir una novela. Hay otras herramientas y estrategias en la narración más allá del propio lenguaje, como la propia historia literaria nos confirma. Pero es que estamos ante un caso de falta de rigor extravagante, como un ejercicio de taller literario a cargo de una persona bienintencionada y con ideas. Son los típicos errores de quien carece de un estilo, ya sea punk o funcional, ya deconstruya la norma o la apuntale: redundar las descripciones con adjetivación doble y anteponerla siempre al sustantivo, sin atender mínimamente a la música de la frase. Así que la lectura se hace directamente insoportable, como un camino lleno de piedras con las que uno va tropezando, de forma que ya te da igual adónde lleva o el paisaje que ves a ambos lados. Tienes que dejarlo. Incluso en esas novelas de pura intriga sostenidas por el mero argumento la prosa suele ser sencilla y bien ajustada al empeño de contar, no te fascina pero tampoco de molesta, y a la larga el libro puede resultar bueno o incluso excelente. No es el caso, desde luego, y sin embargo hay tanta unanimidad en las alabanzas a este libro que sólo cabe entenderlo como un ejemplo más del signo de los tiempos.