lunes, 27 de julio de 2009

'La dama de la furgoneta', de Alan Bennett (Anagrama). Historia de una grieta.

Publicada seguramente a rebufo del éxito de "Una lectora nada común", de la que hablé hace tiempo, esta nouvelle presenta un carácter muy distinto: si en aquélla triunfaba una fabulación irónica y plena de sentido, ahora es la realidad, ausente de ninguna construcción literaria, la que para bien o para mal se impone con su escaso vuelo. Buena parte del libro reproduce fragmentos del diario del autor en torno a los quince años en que una "sin techo" se instala en su jardín para vivir en una furgoneta destartalada. Asistimos a esa relación desde su mismo nacimiento, en forma de pequeña "buena obra" de alcance en principio limitado, y vemos cómo la inercia la va prolongando hasta su mismo límite vital. Son numerosos los pequeños apuntes en que Bennett recoge las expresiones y episodios más o menos surreales de la anciana con un propósito sutilmente humorístico, al tiempo que refleja su propia impotencia ante tales sucesos y requerimientos.

Pero el mayor interés del libro se encuentra en la reflexión que precede al desarrollo diarístico, cuando el escritor nos habla acerca de la grieta existente entre la posición social y la conciencia social de la burguesía progresista que él mismo representa, para concluir que en esa grieta fue donde se instaló Miss Shepherd, la dama de la furgoneta. Interesante metáfora que se ve corroborada a lo largo de la novela, en que asistimos a las manipulaciones, jugarretas e impensables molestias que la mujer le ocasiona, al mismo tiempo que comprendemos su infinito desvalimiento; de ahí que la narración esté compuesta de tantas ausencias como minuciosas descripciones de percances: nos referimos al malestar de Bennet por la situación, a su arrepentimiento, a la constante y torturadora sensación de estar haciendo más de la cuenta, o menos de lo conveniente. Todo ello no aparece en el libro, redactado con la pudorosa distancia inglesa, pero podemos intuirlo en la mera selección de los hechos, tan divertidos como desesperantes, así como en determinados detalles escatológicos que se nos narran con un detalle cercano al ensañamiento.

Da la impresión, en definitiva, de que el autor hubiese reparado en las profundidades en que podría desembocar su propósito literario, y hubiese decidido entonces quedarse flotando en la superficie, azuzado quizá por las corrientes subterráneas pero sin perder de vista la luz del sol y su sonrisa. El resultado es una obra menor, que invita a ser completada por la imaginación del lector, y quizá por ello nada desdeñable.
Claro que la realidad no permite, en ocasiones, semejantes fugas imaginativas. Así nos ocurre ahora a nosotros con un hombre polaco de mediana edad que en una avenida por la que cruzamos todos los días camino del trabajo nos encontramos tirado en el suelo entre un rimero de mantas y otros objetos de desecho. Lleva así varios meses, y su estado resulta cada vez más preocupante, agravado, en lo que podemos deducir, por su alcoholismo. La semana pasada algún ciudadano de orden debió de denunciar su antiestética presencia en las calles de esta Alicante glamourosa donde las hubiere, y la policía resolvió el problema retirándole todas sus pertenencias y tirándolas a un contenedor. Solucionada así la embarazosa situación, el ciudadano de bien imaginamos que durmió más tranquilo, y el pobre polaco se quedó en la calle literalmente sin otra cosa que lo que llevaba puesto, tirado en el rellano de un banco que han cerrado con llave para que no duerma dentro, sin fuerzas para levantarse o recursos para salir adelante por sí mismo. Esa noche le llevamos una manta, una bolsa para guardar sus cosas, un cojín, tabaco, comida y unas monedas. Pero al día siguiente seguía allí, y al siguiente, taladrando nuestra conciencia, haciendo más grande esa grieta irresoluble: ¿aviso a Servicios Sociales o eso será peor -no cabe duda de que tienen que conocerlo-, terminarán por barrerlo por el procedimiento, quizá, de retirarlo al igual que los trapos viejos y depositarlo en otro lugar?, ¿hago bien dándole dinero, hago bien comprándole tabaco?, ¿hago menos de lo que debería hacer? Persisten las preguntas en tanto persiste su incómoda presencia, que de manera callada, sin el humor de la novela de Bennet, nos susurra que algo no va bien en nuestro mundo. Algo tan serio que no admite fabulación.

sábado, 25 de julio de 2009

'La lluvia antes de caer', de Jonathan Coe (Anagrama).

Me acerqué a este libro sin haber leído nada de la obra anterior del autor, lo que me liberó del prejuicio en su favor relativo al cambio de rumbo temático y estilístico que al parecer supone con respecto a su trayectoria previa de escritor satírico y político. Agradezco, pues, esa ausencia de opinión, que da más valor a la que me inspirado la novela, tan positiva como que puedo colocarla en el podio de las mejores que he leído en este año complicado de mucho tiempo robado y poco para robar.
Parece que el talento de la literatura inglesa va más allá del Dream Team de Anagrama (Ishiguro-Barnes-Kureishi-McEwan-Amis), nombres a los que podríamos añadir descubrimientos más recientes como Sarah Waters o David Lodge (que ya mayorcito ha tenido que escribir sobre el maestro James para ser considerado algo más que un novelista humorístico... Aun así, recomendable para todo el mundo la maravillosa El autor, el autor, un ensayo excepcional sobre la técnica narrativa, El arte de la ficción), junto con alguno en mi opinión bastante menor (Nick Hornby y sus treintañeros irredentos).
'La lluvia antes de caer' es una novela caracterizada, ante todo, por la técnica narrativa empleada: el recurso de la transcripción de una serie de cassetes grabadas por una anciana cercana a la muerte, cuya destinataria es una chica ciega con la que se encuentra unida por una relación que iremos descubriendo. Los monólogos interiores que conforman las grabaciones ocupan la práctica totalidad de la novela, y no están exentos de riesgo, pues podrían haberse hecho cansinos para el lector; todos ellos, además, se fundamentan en la minuciosa descripción -por cuanto se dirigen a una invidente- de una serie de fotografías del pasado. Sin embargo es tal la habilidad del autor que construye con tales cimientos una verdadera intriga sentimental que nos atrapa desde las primeras páginas; y es que las imágenes comentadas operan como disparadores de la memoria, y sirven para que la narradora dé cuenta de los episodios que, en torno a ellas en el tiempo, provocaron determinados efectos en las vidas de los implicados, nunca inocuos. El tono intimista y elegíaco de la voz transparenta su necesidad de transmitir el conocimiento a la vez que se justifica, o justifica a otros. Su posición es en todo momento el de una observadora, en ocasiones excesivamente pasiva y sometida a las inestables voluntades de sus seres queridos. Eso la acaba haciendo cercana al lector, que la percibe a fin de cuentas como una mujer sensible y bienintencionada sin excesiva dificultad: no se trata de un discurso engañoso que merezca desconfianza o interpretación, sino de una vida como cualquier otra, con sus dolores y anhelos. Algunas de las escenas que reconstruye en su memoria a partir de las fotos transmiten tal sensación de verdad, en su sencillez, que será difícil olvidarlas: dos niñas, recién escapadas de casa, durmiendo a la intemperie, en la hierba, mientras contemplan el cielo; un perro que huye en la primera ocasión en que se le deja suelto -qué aprensión me ha entrado al leerlo al pensar en mi pequeña Betty- y que marca de alguna manera el inicio de la edad adulta y sus malos tiempos; y uno de esos instantes de felicidad perfecta: dos mujeres que se aman, y una niña a la que cuidan, en la orilla de la playa. Recuerdos que regresarán en diversas ocasiones a la memoria de la narradora, con ese aroma de lo que fue cierto pero no lo parecía, de tan maravilloso como era, al igual que la lluvia antes de caer surgida de un pensamiento infantil, que existe aunque no sea verdad.
La dulzura con que se desarrolla este ejercicio de memoria permite, a su vez, que los temas en los que se adentra se vayan filtrando en la narración con una discreción que no esconde su relevancia: los malos tratos, la soledad, la vida ardua de los diferentes... Y uno de perfiles especialmente transgresores en esta sociedad en que vivimos: la maternidad no como algo de por sí benéfico, sino con frecuencia tan despiadado como el mayor de los odios de un extraño. Frente a ello -y volvemos a lo comentado en una entrada anterior-, la posibilidad de que existan otros lazos efectivos no necesariamente nacidos "de la sangre" que permitan a una persona desarrollarse en plenitud y llena de cariño. Jonathan Coe, sólo por eso, debería pedir disculpas al episcopado español y a un buen número de nuestras pacíficas y tolerantes "famiglias".
Son tantas las recompensas que esta obra ofrece al lector que no podemos por menos que lamentar el final un tanto forzado, pese a que no llegue a deslucirla del todo. Y es que la historia puede estimarse concluida con la última de las fotografías y su correspondiente descripción grabada, y no parecía necesario salir de ese universo para añadir algún episodio narrativo en el del personaje que había encontrado las cintas, y que al fin y al cabo únicamente participaba como excusa para poner en marcha mecanismo proustiano. Además, los pensamientos que concretamente se le atribuyen en las últimas páginas aparecen desligados con el resto, y su carácter incluso violento rompe el tono precedente sin obtener a cambio ningún rédito artístico. Ocurre, empero, que lo que ya habíamos leído era suficiente, y en seguida olvidamos esta pequeña caída de escritor inseguro, demasiado empeñado en "cerrar" todas las puertas, hasta aquellas que desconocíamos y por lo tanto no necesitábamos.
Pese a ello, recomiendo sinceramente esta novela, que se me figura adecuada para la época veraniega, en que supuestamente la vida adquiere calma y los impulsos se atemperan (acérquese el lector/a por el levante español y comprenderá cuánta ironía hay en esta reflexión).

'VH1 Storytellers': Bowie, de cerca.

Lleva un tiempo desaparecido, la última vez que lo hemos visto fue en la presentación de la película de su hijo Duncan Jones, prometedor cineasta, y hemos leído rumores acerca de que podría estar retirado por una afección cardíaca. Sea como fuere, nos ha dado ya más que suficiente, pero uno no puede evitar pensar que personajes como él son eternos, y que tarde o temprano saldrá otro disco que añadirá un peldaño más de excelencia a su impresionante carrera musical. Para mitigar de alguna manera la orfandad en que nos dejan los silencios de los verdaderamente grandes, aparece este CD-DVD que contiene su actuación en el programa de televisión VH1 Storytellers, en 1999.
Estamos en la etapa posterior a Earthling, disco que comenzará apreciarse aún dentro de unos años y que al final tendrá que ocupar un lugar preferente en su discografía; la rabia electrónica y experimental de aquel álbum dio paso a 'Hours...', una obra intimista compuesta por canciones más tradicionales donde Bowie retomaba su faceta de compositor extraordinariamente dotado para la melodía, las letras sugerentes y la interpretación diversa, adecuada para cada tema -como un actor en distintos papeles-, pero siempre personal.
Como buen perfeccionista, la actuación en el programa se nota perfectamente estudiada, pero aun así transmite una cercanía entrañable con el público presente y los espectadores. Cada canción viene precedida de una anécdota en ocasiones muy divertida, que escenifica echando mano de aquellos recursos gestuales con que compuso los marcianos más marcianos del cine. Al mismo tiempo bromea sobre sí mismo y sus distintos rostros, como en aquel episodio de los años setenta, en plena gira por ciudades humildes de trabajadores industriales, donde se presentaba nada más y nada menos que así: "hola, soy Ziggy Stardust", imaginamos que con su pelo teñido de rubio o rojo y sus trajes ceñidos de lamé o lentejuelas, quizá con capa y fajilla y un largo escote hasta el ombligo. En uno de aquellos bolos preguntó al encargado del club por el baño, y éste lo llevó a través de un pasillo y le señaló al fondo un mingitorio de lo más cutre. Bowie, subido en sus plataformas, puso los brazos en jarras y dijo con tono aristocrático: "yo pienso mear ahí". A lo que el encargado le respondió: "mira, si fue bueno para Shirley Bassey será bueno para ti".
Lo más bonito de todo esto es que vemos a un artista en buena sintonía consigo mismo y su pasado, sin excesivas ansias por reivindicarse ni artificiosas seguridades. Y la música va en consonancia con ello, puesto que repasa clásicos como Drive in Saturday, Can't help thinking about me (el primer tema que compuso), Rebel Rebel (interpretación corta y un tanto irónica), pero también las canciones nuevas de aquel año, como las excelentes Thursday's Child y Seven.
Los bonus-tracks del DVD incluyen algún otro tema de 'Hours...' (nos preguntamos por qué no están igualmente en el CD).
Se ha publicado también por estas fechas el DVD y un CD, por separado, de 'Glass Spider Tour', donde nos encontramos a otro Bowie, la megaestrella de giras ya irreproducibles, donde la teatralidad y la experimentación artística eran el leit motiv de un espectáculo que aun hoy parece vanguardista. Lo dejaré para otra entrada, pero la verdad es que ambos nos dan cuenta del alcance de uno de los grandes autores de la música popular, precisado quizá de una adecuada valoración que confiamos no tenga que esperar a su fallecimiento, como en otros casos.
De momento disfrutemos con su creatividad, su inteligencia y su buen humor en este disco, 'VH1 Storytellers', que como cualquier reedición de los clásicos merece un lugar privilegiado en nuestra discoteca.

miércoles, 22 de julio de 2009

La otra Margaret Atwood.


Hay una Atwood novelista,Cursiva quizá de las más grandes que en la actualidad podamos encontrar en las librerías, y tal vez esa condición, como suele ocurrir, ha oscurecido otras igualmente apreciables. Estos días me he acercado a la poeta, y el encuentro ha sido provechoso. 'La puerta' es su último poemario, y en él recorre, desde unos mismos parámetros estilísticos -verso libre y tono narrativo- diferentes objetos temáticos en cada una de sus secciones, desde el propio acto poético al encuentro con la naturaleza -imposible no recordar las eficaces descripciones paisajísticas de 'Resurgir'-, pasando por sus preocupaciones éticas y políticas -su posición en cuestiones de género, siempre rigurosa y nada dogmática- o algunas remembranzas de índole personal. En todos los casos se nos muestra una voz irónica, desmitificadora, pero a la vez compleja y audaz en la elaboración de imágenes y pensamientos. Atwood concibe la poesía, en realidad, como un elemento más de su quehacer literario, y no parece que precise de excesivas modulaciones al pasar de un género a otro. Reconocemos a la narradora en este libro, al igual que recordaremos a la poeta al leer cualquiera de sus novelas.
Especial mención merece para mí el poema que da título al libro, de significado abierto, pero que no es difícil de arrimar al ascua del hecho creativo, y la permanente llamada con que nos reclama y la agotadora tensión que su presencia origina en el resto de nuestra vida, porque "la puerta se abre/miras lo que hay dentro./Está oscuro en el interior,/probablemente hay arañas,/no hay nada ahí que tú desees./Tienes miedo./La puerta se cierra"; pero tras unos cuantos versos -instantes fugaces, aunque persistentes, de la cotidianidad-, finalmente "La puerta se abre:/Oh, dios de los goznes,/dios de los largos viajes,/has cumplido tu palabra./Ahí dentro está oscuro./Te confías a las tinieblas./Entras dentro./La puerta se cierra". La lectura de esta extraordinaria autora nos hace ese tránsito más fácil, como aquellos antiguos serenos que acudían en tu ayuda si faltaba la llave, o la puerta estaba atascada. Así ella nos enseña a vivir allí, en las tinieblas, y a salir y entrar sin temor ni cicatrices.

Reparto imaginario para una película imposible.

Mi novela 'Los nuevos' está concebida desde, para, hacia -y cuantas preposiciones le queramos añadir- la palabra. No cabe duda, sin embargo, de que a cualquier autor contemporáneo le ha influido sobremanera el arte cinematográfico, y muchas de sus páginas pueden componer verdaderas 'escenas' traducibles a lo audiovisual. En mi caso, dudo que eso fuese posible, no ya por evidentes motivos prácticos y tangibles, sino por las propias características del libro, que trata de navegar por el mundo de la percepción sensible y su reflejo interior antes que ir generando un mero encabalgamiento de hechos.


Aun así, hay una especie de truco o técnica de apoyo de la que suelo valerme para visualizar los personajes, y es la de asociarles la apariencia física de algún actor/actriz o simplemente alguien que conozco o me encuentro por la calle las suficientes ocasiones para retener su imagen en la memoria. Siguiendo ese camino, durante la revisión última de la novela tenía claros algunos nombres que podrían representar bastante bien a los personajes principales, al menos. Allá voy:



-Ruth sería sin lugar a dudas Leticia Dolera. La veo adecuada para parecer fuerte y frágil, capaz de tomar decisiones y sentir mucho miedo a un tiempo. Además, es una de esas actrices que por su aspecto físico podría hacer perfectamente escenas de adolescencia y a la vez de la Ruth actual, embarazadísima. El papel le supondría el Goya y el Fotogramas de Plata a la mejor actriz, y consolidaría definitivamente su carrera. Las críticas dirían algo como: "Dolera explora los perfiles ambiguos y dramáticos de su personaje con madurez y solvencia, superando así la debilidad del texto del que nace la película, una de esas infames novelillas de autoedición".






-Bruno podría ser Leonardo Sbaraglia, un actor excelente que debería llevar a cabo una interpretación sugerente y contenida, puesto que se trata del personaje más vacilante y atormentado; a lo largo de su carrera ya ha dado suficientes muestras de su dominio del oficio, así que no habría problema. Seguramente le negarían el Goya al mejor actor, por ser ya bastante conocido, lo que provocaría la unánime indignación de la prensa especializada, que destacaría "un trabajo lleno de complejos matices que enriquecen la debilidad con que se trata al personaje en esa novelilla infame de autoedición". Pero se llevaría algún premio de la unión de actores, o similar.




-Con Helga tengo un problema, y es que adoro a ese personaje, pienso que es el más interesante de los tres, aunque su punto de vista se halle ausente y debamos conocerla a través de la mirada de los otros. El problema, digo, es que la persona que encuentro como modelo no es actriz, que se sepa, y no encajaría por la edad. Pero el caso es que debería parecerse a esta mujer:





Pues sí, Bimba Bosé, tan ocupada con su moda y sus cabriolets, pese a lo cual, de ser ella, ganaría el Goya a la actriz revelación por su "excelente composición de un personaje con muchas capas, que sin embargo no aparecen en el guión, lastrado por la debilidad de esa novelilla infame de autoedición".


-Y por último (ya que reseño los más importantes), el portero o guardián de Las Torres, tan amable, críptico y escalofriante a un tiempo (al menos eso es lo que intenté, vaya). Aquí no hay dudas: Emilio Gutiérrez Caba.

Que se llevaría el Goya al mejor actor secundario al conseguir "hacernos sonreír y a continuación inquietarnos con un simple gesto, elevando a la categoría de principal un personaje arrumbado en la debilidad de la infame novelilla de autoedición de la que surge".

El director no se me ocurre, tendría que ser una mezcla entre Isabel Coixet, para el intimismo, y un Bayona, para la pequeña intriga. Aun así, fuese quien fuese, se llevaría una demanda por haber traicionado el espíritu de esta "poderosa novelaza de autoedición", así que mejor no pensarlo.

Francisco Nixon y Stuart Murdoch. Escritores de canciones.

Nació en Gijón, tiene mi edad y se llama Fran. Me gustaría que las coincidencias no terminasen ahí (bueno, yo nací en Oviedo, pero que quede entre nosotros... soy gijonés y punto, no removamos el pasado, yo a ti, amable lector/a, no te he preguntado...), y tener como narrador un talento parecido al suyo para escribir canciones. Su anterior disco, 'Es perfecta' ya era (casi) perfecto, pero con éste pocos reparos pueden ponerse a su excelencia. Comienzas a escucharlo y cuando acaba el primer tema dices "vaya, qué bueno", pero resulta que el segundo también lo es, y el tercero... y así hasta el último. En contadas ocasiones podemos decir lo mismo de un álbum pop. 'El perro es mío' resulta más variado que el precedente, y acierta en cada una de sus incursiones por distintos estilos, desde la canción de autor al hit tarareable, desde la música de baile a una especie de rumba aderezada con flauta (!!). Las letras están cuidadas, y sorprenden por el uso de un surrealismo humorístico bastante alejado de las pretensiones líricas de tanto sufridor existencial y maldito preescolar como hay en la música popular española. "Erasmus borrachas", de la que cuelgo el vídeo, debería ser un éxito de esos que aparecen en recopilatorios muchos años después como definidores de una época, pero hay muchas otras memorables: 'Inditex', 'Museo Británico', 'Nombres y teléfonos', 'Traficando', 'Brackets'... Lo difícil es dejar alguna fuera. El disco ya empieza con una melodía inmediata y una letra divertida: "Trabajas en Inditex/más guapa no puedes ser", y el resto no dejará de proporcionarnos momentos encantadores y refrescantes. Si en otra entrada hablé de Zazie como un cola jet, el disco de Nixon sería nuestra bebida favorita, esa a la que recurrimos en los momentos más agradables, para disfrutar a solas o compartir.





Escucho también estos días (junto con lo nuevo de Wilco, pero eso es otro asunto) el primer proyecto en solitario de Stuart Murdoch, 'God help the girl', alma máter de Belle & Sebastian. En solitario pero excelentemente arropado por voces femeninas que dan forma a sus canciones en un tono algo distinto, pero no irreconocible, con respecto a los Belan. De hecho, esta obra nace de "The life pursuit", último álbum de su grupo -y uno de los mejores de todos los tiempos, dicho sea de paso-. Act of the apostle parece ser la semilla de lo que se ha concebido como banda sonora para una película aún por rodar; ya teníamos excelentes referencias de su capacidad para este tipo de planteamiento musical en Storytelling, pero el tono es diferente, mediante una aproximación al pop y al soul de los grupos de chicas de los 60-70's. Requiere quizá varias escuchas, al ser menos inmediato de lo habitual, pero no decepciona, puesto que este autor parece completamente incapacitado para escribir una canción mala. Además, tiene un aire añejo que lo hace especialmente agradable en tiempos de samples, relecturas hip-hop de viejos éxitos poperos y demás imposturas.


Dos excelentes discos para mejor pasar el verano. Innecesario resulta recomendar al siempre honesto/a lector/a que los adquiera legalmente, puesto que el artwork está bien trabajado (sobre todo en el caso del álbum de Stuart Murdoch, que contiene una suerte de sinopsis de la historia por rodar; es curioso, por cierto, que ambos autores recurran a parecidas ilustraciones de chicas en escenas cotidianas -y un poco surrealistas en Nixon-), y merece la pena tener por casa cosas bonitas, ¿no?, aunque luego nos lo pasemos al Ipod. Si no les damos un euro a los artistas no van a tener otro remedio que ganarse la vida desempeñando labores infames, yo qué sé, ejerciendo de abogados, o algo así...

Un escritor contento.

Porque he retomado el Faure, y aunque madrugar a las 5.50 es complicado, no nos vayamos a engañar (laborare stanca, decía el poeta), cuando completo mi trabajo literario diario luego no hay quien pueda conmigo, y el mundo es un lugar muy, muy bonito.

Tan bonito como esta canción de uno de mis grupos favoritos, que me gustaría compartir con los siempre gentiles lectores/as, como un guiño de optimismo.

Saint Etienne, 'Method of modern love':

Además, estoy leyendo una novela que, si no se tuerce en el último tramo, es una verdadera obra maestra, compleja, dulce y emocionante, "La lluvia antes de caer", de Jonathan Coe, en Anagrama. Os hablaré de ella.

Pop! Goes my heart... I can't lose this feeling.

Pocas cosas tienen el valor de hacerme tanta gracia y levantarme el ánimo una y otra vez, en cualquier circunstancia, como este vídeo con el que comenzaba la película 'Letra y música'. En él se pariodiaba mi adorado pop de los ochenta a través de un grupo imaginario llamado precisamente "Pop" en el que podemos ver a Hugh Grant en una especie de catarsis hortera:

Quizá fuese por afinidad, dado que el tono se asemejaba al de mi grupo pop igualmente imaginario de la nouvelle 'El hombre que espera', y tal vez de un futuro spin-off al que ando dándole vueltas, pero lo cierto es que aunque la película derivaba en clave de comedia romántica de lo más tópico (salvo por una segunda parodia de la cantante erótico-mística tipo Britney o Aguilera), esta pequeña pieza hacía que mereciese la pena. Desde entonces son muchas las ocasiones en que, de una manera un tanto vergozosa, Nuria me sorprende escuchando "Pop! Goes my heart" y moviendo el culo o haciendo el bailecillo de los puños, como arrancando una moto. Menos mal que mi mujercilla ya está acostumbrada a semejantes extravagancias...

No obstante hay algo que me exonera, y que de paso me hace bendecir el invento éste de internet como una manera inimaginable en mi juventud de sentir compartidos tus gustos, aun los menos presentables, como es el caso: resulta que esta canción se ha convertido en un fenómeno de culto, y abundan en internet vídeos amateur de gente que imita sus coreografías o construye otras nuevas, desde niños o adolescentes para las fiestas del colegio a solemnes invitados de una boda que sorprenden a la novia de tan inusual modo. Os invito a pasearos por youtube y si algún amable y alocado/a lector/a se atreve, que cuente conmigo para componer nuestra propia versión.

En fin, son demasiadas las cosas que nos indignan, enrabietan o entristecen como para despreciar aquellas que nos hacen reír, ¿no os parece?

'Zazie en el metro.' El mundo es un lugar loco, colorista y divertido.

Aunque había tenido noticia de esta película por referencias azuleléctricas, y con posterioridad la vaga noción de que se trataba de un título representativo del cine pop, ninguna expectativa podía prever tal estallido de imaginación y humor, que abruma a un espectador descolocado al principio pero en seguida atrapado por su propuesta y cómodo dentro de ella. Bien es cierto que la acumulación de situaciones surrealistas y desternillantes puede fatigar en el último tramo, pero también que muchas de sus escenas serán imposibles de olvidar: entre mis favoritas están el monólogo del tío de Zazie enredado en los hierros de la torre Eiffel, la persecución en la que se alternan refinados ejemplos de slapstick con la encantadora sonrisa mellada de la niña, el grupo de transeúntes que se susurran al oído lo indecible, o la aparición del policía transformado en figurilla filofascista con una proyección de matones a sus espaldas... Las recuerdo ahora y vuelvo a reírme, como haré con muchas otras que seguramente me pasaron desapercibidas cuando la vea por segunda, tercera o vigésimo quinta vez.
Con independencia de su estética pop, tal vez propia de la época, los aciertos de su lenguaje cinematográfico, aun como crisol de modos y maneras preexistentes, perduran con tal viveza que los reconocemos en no pocos ejemplos de cine más comercial: desde las comedias alocadas de un Ben Stiller al surrealismo ibérico de la saga Mortadelo; pero también en ese filón de títulos que siguieron a "Aterriza como puedas", en los que determinados gags, como el de saltarse la coherencia espacio-temporal presentado a los personajes en situaciones iverosímiles, o el de llenar la pantalla de eventos risibles anexos a la escena principal, provocan incontables sorpresas y constantes golpes de humor. Humor irreverente hasta el extremo de que bajo sus bromas se asoma la crítica social, un puñado de temas escabrosos y hasta Sacha Distel, que surge del mobiliario urbano tras un cartel que lo anuncia a él, precisamente.
Por cierto, un inciso para recordar que Morrissey comenzó uno de sus conciertos de la gira de "Ringleader of the tormentors" saliendo al escenario con una careta de ese cantante, y a continuación cogió el micrófono y dijo: "My name is Sacha Distel... Welcome to a evening of french drama". Qué bueno.
Continuando con Zazie, por mucha técnica cinematográfica que desarrollase, o buena cimentación tuviese en la novela de Raymond Queneau, nada habría sido posible sin el carisma y el encanto de los actores: desde esa niña inteligente, mordaz e infinitamente tierna, a su tío, Oscar Wilde redivivo, o a la mujer de éste, paródica representación de una belleza canónica y gélida cuyos primeros planos bastan para dibujarte la sonrisa.
Podéis encontrarla en esa colección de cine de autor editada por la FNAC. Resulta especialmente indicada para este verano español, tan caluroso, pegajoso, borrachuzo y chanclero, es como tomarse uno de aquellos polos que ilusionaban nuestra infancia: el drácula, quizá, o mejor el cola jet. Deliciosos e inolvidables.

miércoles, 8 de julio de 2009

El funeral de Michael Jackson. Whatever happens...


Palabras e imágenes que siempre recordaremos:


-La de una niña huérfana rompiendo a llorar tras manifestar: "Desde que nací papá fue el mejor padre que podía imaginar. Y sólo quiero decir que te quiero mucho".






-La de un niño, el más pequeño de los tres hijos de Jacko, aferrando con la mano todo el rato un muñeco que representaba a su padre:







-El guante de lentejuelas en la mano de cada uno de los Jackson V:








-Jermaine Jackson interpretando a duras penas, pero excelentemente, 'Smile'. Quizá una de las canciones más hermosas que puedan escribirse.






-Jacko como siempre lo tendremos presente: saltando sobre el escenario con su ropa imaginativa y su gesto electrizante, genial, poderoso, invencible.



-Y, finalmente, recordar una de las letras de sus canciones ('Whatever happens'), para decirle:

"Pase lo que pase, nunca soltaremos tu mano"
Descansa en paz.

martes, 7 de julio de 2009

'After Henry James'... la nada.

Dudaba si leer o no este libro maravillosamente editado por 451 ('After Henry James', VV.AA.), sobre todo porque, siendo el maestro uno de mis autores favoritos, tal vez mi opinión estuviese mediatizada por excesivas expectativas o insuperables prejuicios. La idea de la que nace el volumen es excelente: en los cuadernos de notas de James se apuntan brevemente ideas que con posterioridad podría desarrollar, aunque resulta imposible imaginar en qué medida y con qué extensión, pues no en vano algunas de sus grandes novelas comenzaron por un mero esbozo de tres personajes. Eso, y una de sus últimas entradas, en la que sugiere que alguien debería llevar a término esas ideas, parecen justificación suficiente para un proyecto como el que comentamos.



El problema es que, por una cuestión de estricto respeto a la grandeza del autor supuestamente "homenajeado", los relatos deberían haber estado a una mínima altura en cuanto a calidad. No hablamos de imitar el tono de James, pues de lo que se trataba no era de concluir un cuento, sino de restacar una idea, y a menudo sus apuntes no iban más allá de impresiones más o menos abstractas, o incluso conceptos. Cada uno de los autores contemporáneos, evidentemente, es dueño de su voz y su mundo, y la manera de acercarse al clásico -a través de ambos- puede alcanzar un resultado artísticamente enriquecedor para el primero, estimulado por el reto quizá excesivo de una obra incontestable.


Insisto, pues, en que no esperaba forzadas imitaciones del fraseo del maestro, o su capacidad para profundizar en lo observado, eludir lo evidente e iluminar lo en apariencia insignificante. Con independencia de la mayor o menor afinidad que uno sienta hacia determinadas expresiones artísticas, nada hay que objetar, en principio, a las lecturas de James en el cine, el arte, la ópera, el teatro -hay una buena versión de "La bestia en la jungla" por Margarite Duras-, el cómic, el rap y, si me apuran, el videojuego -Isabel Archer como heroína matagalanes... bueno, tampoco nos salgamos de madre-. La única exigencia que cabría hacer a tales proyectos sería que en cada uno de ellos los respectivos creadores se tomasen en serio el asunto y procurasen entregar al lector/espectador lo mejor de su arte.


No ha ocurrido eso en este libro al que calificar de "irregular" sería excesiva condescendencia. El tono medio es tan espantoso que los relatos que, por excepción, no lo son, brillan doblemente. Me refiero a los de Vicente Molina Foix, Colm Tóibín y, tal vez en menor medida, Andrés Barba. El primero de ello es verdaderamente extraordinario, a la manera de esas pequeñas historias con pudorosos ribetes humorísticos -como "El mentiroso"- que no faltan en la obra del maestro; Molina Foix comprende el valor de la idea, que en su caso prácticamente estaba desarrollada, y la lleva a cabo sin otra pretensión que la de guiarse por ella, empleando los recursos literarios con el mismo rigor estilístico y compositivo que en cualquiera de sus textos. De la de Colm Tóibín podemos decir que es quizá la que de manera más directa se muestra imitativa de los modos y maneras jamesianos, apuesta segura con la que concluye una pieza clásica a la altura del propósito. Andrés Barba es de los tres el que seguramente, en cuanto escritor, se encuentra más alejado de James, y sin embargo hace suya la naturaleza indagatoria o especulativa de su idea, en un relato del que únicamente se esperaba un final más trabajado (parece que simplemente "se deja terminar").
Sobre el resto de los autores, decir que debería darse inmediato traslado a la Fiscalía General de Asuntos Literarios, si la hubiese, para abrirles causa. El de Juan Villoro no sólo es una inanidad, sino que nos hace pensar en por qué este autor tiene el nombre que tiene -es claro que cosas mejor debe de haber hecho, así que no puedo emitir un juicio global-; el de Soledad Puértolas es representativo de lo peor de su producción breve, en la que también hay excepciones: recuerda al tono de aquella corriente de imitadores de Carver que se dio en llamar realismo sucio, no en cuanto al tema, pero sí en lo que se refiere a la propia idea del relato como una pequeña escena sin inicio o fin discernibles, incoherente y vacua; el de Javier Montes promete mucho y se diluye a medida que avanza; el de Margo Glantz peca de excesivamente simple, y está inflado con digresiones prescindibles -lo último que debe ser una digresión-.
No nos resulta complicado encontrar sustitutos solventes para este libro entre los narradores contemporáneos: Javer Marías -cómo no-, Luis Magrinyà -el primero de todos-, Cristina Fernández Cubas, Marcos Giralt Torrente, Clara Sánchez...
Es una lástima que las hermosas ilustraciones de este libro vayan acompañadas por textos tan descuidados. Resulta desolador para los jamesianos, y desaconsejable para quienes quieran acercarse a la obra del maestro. Al menos a mí me ha servido para retomar mi interés por la obra de Vicente Molina Foix, Nuria me ha regalado su nuevo libro de relatos en Anagrama, del que ya os iré contando alguna cosa.
Henry James nos ha regalado una literatura rigurosa, fascinante por bella y compleja, profundamente cercana a las preocupaciones fundamentales del ser humano, entre ellas la del propio arte en que se expresa desde que el tiempo es tiempo, nos ha hablado de los dolores del alma, del tormento de la psique y las trampas de la imaginación, de la mujer nueva y la sociedad vieja que a ella se enfrentaba, del mal en sus manifestaciones más sutiles y refinadas. Nada de esto aparece en un volumen en el que, a salvo las mentadas excepciones, un grupo de autores irresponsables ha solventado, sin pericia ni apenas interés, un -por desgracia- prestigioso encargo.

domingo, 5 de julio de 2009

"Guitarras y tambores", de Cola Jet Set. La chispa de la vida.

Imagine el amable lector o la amable lectora a un abogado desesperado. Sé que es difícil, porque los que suelen estar desesperados suelen ser los terceros por la actuación de los abogados, pero en este caso apelo a vuestra condescendencia y os pido que os imaginéis al susodicho como un currante más por cuenta ajena, y que ese día en cuestión, por razones que sería penoso relatar, se encontraba sometido a un estado notable de estrés, maltratado y presionado por las exigencias de las fechas de vencimientos y las actitudes de los numerosos incompetentes que en el mundo hay, cuya única habilidad conocida es la de eludir las culpas y transmitírselas a otros. Pues bien, hallábase nuestro héroe en tal tesitura, trabajando fuera de jornada, sólo en una oficina llena de libros añejos, amenazadoras torres inclinadas de expedientes y ácaros como cocodrilos, cuando su estómago se retorció por los nervios, su corazón se aceleró y un pudoroso asomo de lágrimas hizo inoportuna presencia. Pero todavía quedaba mucha faena por terminar, así que no había otro remedio que sortear las ansiedades y seguir adelante. Abrió el Explorer y buscó en youtube algún vídeo de un grupo del que había leído algunas cosas y que -intuía- podía gustarle. Encontró algo, se puso los cascos y escuchó esto:



Y cuando terminó la puso otra vez, y luego otra, y buscó unos cuantos temas más, y de repente la oscura oficina se convirtió en una fiesta pop llena de globos, extraños licores, meriendas desaconsejables y música maravillosa. El abogado se imaginaba en ella, cual Peter Sellers, junto con su chica vestida de Jeanette y su perrilla Betty -anda, se llama igual que la mía- con una camiseta de Barbarella. Durante toda la tarde esas canciones lo estuvieron acompañando y lograron que cruzase esa línea hacia "el otro lado", el más agradable de la vida, esa línea que uno busca a veces como un horizonte perdido y se desespera cuando no aparece o sientes que no te quedan fuerzas para alcanzarla.


Salió del trabajo, ya de noche, cruzó la calle, entró en el FNAC y compró el disco. Hubiera sido más sencillo bajarlo, claro, pero apoyar a esta clase de artistas es un acto moral de respeto y agradecimiento que en modo alguno debe soslayar un caballero. 'Guitarras y tambores' es el segundo álbum de Cola Jet Set (o La Cola Jet Set, vamos), publicado en Elefant, ese sello que bien merecería una estatua en plaza pública que sustituyese, pongamos, a las de Franco. Se trata de pop sesentero, sencillo y agradable, de inmediata pegada pero largo recorrido. No hacen nada quizá excesivamente innovador (y quién lo hace, me pregunto... desde luego que no los que más presumen de ello), pero son excelentes artesanos en lo suyo: las buenas canciones con estribillo memorable. En alguna entrada anterior me lamentaba de que este movimiento pop, esta especie de tribu urbana desprejuiciada y reivindicativa de sus iconos tan aparentemente contracorriente, no me haya pillado a los veintipico años: me habría sentido reconfortado y bien acogido en ese lugar. Con el tiempo la escena indie (por entendernos, ya que ese calificativo está cada vez más en cuestión) ha ido superando atavismos y ya no es necesario, para ser auténtico, fumar mucho, lavarse poco el pelo, vestir de cuero negro y soltar temas de siete minutos en los que el amor maldito e imposible produce mucho dolor y se nos cuenta con poesía de baratillo, caligrafía de mal lector (vid. Nacho Vegas o Bumbury), voz rota y ademán de "estoy en el mundo para haceros un favor". Todos esos "poetas urbanos" que suelen citar mucho a Leonard Cohen deberían aprender de él, en primer lugar, su sentido del humor, su ironía -que empieza por aplicarse a sí mismo- y, sobre todo, su formación lectora. Hace falta darse un paseillo por la literatura antes de lanzarse a escribir versos de desamor ruinoso. Claro que la escena de rock-pop de cantautor actual prefiere prescindir de tan molestos y lentos aprendizajes y sustituirlos por una buena foto de perfil con gafas oscuras, ademán resacoso y cigarrillo humeante. De ahí que resulten tan acertadas las declaraciones de Alicia, una de las chicas de La Cola Jet Set, cuando define el grupo como "punk" en cuanto a su actitud: tiene razón, nada más irreverente en estos tiempos que lo que ellos hacen. Hay que tener arrestos para titular una canción "Subidubi", sólo por ello ya me hubiese lanzado a comprar el disco. Reivindico el "subidubi" como ideología, quizá aderezado con unas gotas de "parapapá". Y lo hago yo -puesto que soy el abogado del inicio de esta entrada, sorprendido/a lector/a-, que paso buena parte de mi vida en el universo del "mireusté".

Además, el tono de este grupo presenta cierta afinidad con mis "Cherry Sisters" de la nouvelle "El hombre que espera", que el impaciente lector/a econtrará disponible este verano.

"Guitarras y tambores" está lleno de buenos temas, la mayoría firmados por Felipe, ex Fresones Rebeldes. Indagando un poco en la vida y milagros de esta gente encantadora -aquí los vemos en la portada de la revista Plástica, no me digáis que no los querríais en vuestra fiesta de cumpleaños- resulta que me han sorprendido sus edades, por encima ya de los treinta y en el caso de Felipe, más cerca ya de los cincuenta. Puede parecer intrascendente, pero no lo es. Conocer este tipo de cosas te reafirma en eso de que "otro mundo es posible". En el caso de él, resulta que desempeña un trabajo burocrático que alguna semejanza tiene con el mío, y me parece maravilloso que en sus ratos libres, además de ser padre, escriba estas canciones excepcionales. Sé por experiencia a lo que se dedican otro tipo de personas en sus ratos libres. Por eso es de agredecer que Felipe, Ana, Alicia, Cris y el batería, cuyo nombre no recuerdo -nada personal, es que no tengo el disco a mano-, nos hagan la vida más feliz a través de su arte. "El sueño de mi vida", "Durará", "Dulce despertar" o el propio "Suena el teléfono" son pequeñas joyas de girly-pop desenfadado, pero el disco también incluye sorpresas como la balada discretamente oscura "Prometiste volver" o el instrumental "Cola jazz vals" -que no se te puede quitar de la cabeza-. Y pensar que este extraordinario grupo pop se quiso presentar a Eurovisión, pero en vez de ellos se escogió a esa especie de muñeca de cera con voz de General Patton...


Pues eso, amigos/as, que si os apetece escuchar música pop revitalizante, "Guitarras y tambores". (Y si lo que os apetece es literatura intimista con toques inquietantes, Casoledo... que no está la vida para perder oportunidades publicitarias).

Aquí os dejo otra versión de 'Suena el teléfono', pero en vivo. Que suene y requetesuene.

miércoles, 1 de julio de 2009

Las ficciones sobre Michael Jackson y su deconstrucción (capítulo primero, de tres mil quinientos, calculamos...)

Dieciséis años después, Jordan Chandler, el primer niño que acusó a Michael Jackson de abusos ha emitido un comunicado en el que explica que todo era mentira, que estaba dirigido por su padre, puesto que necesitaba dinero. Ambos son multimillonarios ahora. Gracias a aquello. Concretamente ha declarado que "Michael nunca abusó de mí, mentí por mi padre, lo siento Michael" (...) "Hoy, por primera vez no puedo mentir. Michael Jackson nunca me hizo nada. Fue mi padre quien mintió para escapar de la pobreza".
Recordemos que esto ocurrió en el año 1993, en plena promoción del Dangerous, que de hecho supuso la cancelación de la realización del vídeo que da título al álbum, que sería el próximo single, y para el que se habían contratado ya unos cuantos policías españoles que iban a hacer de extras. En ese momento Michael pasó a ser un indudable pederasta para buena parte del mundo. Se agudizaron sus problemas, y se inició su ruina económica. De la noche a la maña perdió aquello que lo alimentaba, el favor del público, y se convirtió en un exiliado permanente que, como Oscar Wilde en su tiempo, recibía los salivazos en la cara de quienes poco antes le lanzaban besos.
Las declaraciones del muchacho nos plantean, no obstante, un problema de primera magnitud, porque ahora, claro, los medios de comunicación de todo el mundo podrían colapsarse. En un movimiento sin precedentes, centenares de periodistas están escribiendo artículos de rectificación. Aquellos que lo llamaron monstruo, o los que crearon un verdadero género de chistes sobre Michael y los niños, confesarán que no han podido dormir al saber esto, y que no pueden mirarse al espejo sin llorar. Tienen la necesidad de pedir perdón al público, y lo harán por cuantos medios estén a su alcance. Basta rastrear por el google y las hemerotecas de los periódicos para encontrar sus nombres. Sin duda que todos ellos, en los próximos días, completarán sus rectificaciones y sus disculpas, pero nos preocupa ese colapso informativo, puesto que dejará de hablarse de la gripe A y de Honduras, en fin...
Además, todo esto es muy molesto. No hace falta que se humillen, hagan el favor de levantarse, hombre...
Bueno, acabo de hojear la prensa y de momento aún no han salido esos artículos, pero no os preocupeis, están al caer.
¿Verdad?