jueves, 20 de noviembre de 2008

'Resurgir' (Margaret Atwood, Alianza)


Segunda novela de la Atwood que leo en poco tiempo, y que confirma mi impresión acerca de la excelencia de la autora. Al parecer este libro fue incluido dentro del Canon Occidental de Harold Bloom, y poco podría discutirse su decisión. De nuevo aparece uno de los mejores detalles técnicos que conformaban la voz narrativa en "El cuento de la criada": la frialdad aparente con que describe su mundo, y que sólo se rompe cuando el recuerdo se abre paso como a través de una grieta mal sellada. También reconocemos el juicio sobre la gente que la rodea, respecto de la que se siente una extraña pese a su previsible cercanía. El pasado, al igual que en la otra novela, tiene una importancia fundamental, aunque en ésta presenta tintes de realismo psicológico. La autora maneja asimismo una leve intriga que nunca se apodera plenamente de los hechos, de forma que su resolución pierde importancia. Al final, lo que ha evolucionado es la percepción del mundo de su protagonista, que decide 'resurgir' y aceptar su soledad en un entorno natural agreste -si bien no tanto como el generado por las relaciones personales con sus acompañantes- y un hogar familiar vacío de humanidad pero lleno de fantasmas que parece pedirle cuentas. La prosa, tan lacónica y precisa, va más allá de lo que cuenta, al tiempo que nos mantiene a suficiente distancia para eludir cualquier identificación. Es una primera persona peculiar, que definiríamos como tercera en cuanto a su relación con el paisaje de ficción en que discurre y con nosotros mismos.
En el plano de la caracterización de los personajes, sorprende a los ojos de hoy el machismo de aquellos 'revolucionarios' de mucha melena y afanes vagamente creativos. Quizá a causa de que ya no existen, y su relevo lo han tomado los barrigudos del partido en el bar y las cañitas -o del club de golf y el vinito, da igual-. Pero vaya si lo eran. Tal vez sea otro motivo que explica por qué todas las revoluciones se fueron al carajo. Las hacían los mismos que ahora 'revolucionan' los balances contables y el precio de la vivienda.

El mundo en un panel (N. S. Harsha en La Casa Encendida).


Este es uno de los cuadros que con mayor placer y admiración he contemplado en los últimos tiempos. Se trata de la obra Come Give Us a Speech, de N. H. Harsha, y se puede ver en la exposición "Reflejos de la India", de La Casa Encendida. Está compuesta por varios paneles contiguos en los que se representa la diversidad del mundo a través de una multitud de figuras sentadas -o no- en sillas de similar aspecto. No así las personas que las ocupan, en las que encontramos todas las razas, caracteres, actitudes y apariencias imaginables. Cada una de ellas es distinta a la otra, a menudo interactúan entre sí, o juegan con la visión del espectador proponiéndole enigmas -un hilo sostenido entre varios que dibuja la silueta de un elefante-, contándole historias, apelando a su sentido de lo colectivo o a los recuerdos comunes a todos y que siendo distintos nos hacen en el fondo iguales. Recuerdo ahora el parto sobre dos sillas discretamente recogido por un velo, el astronauta, la silla vacía -vaya, como en el arranque de Los nuevos-, las deidades mezcladas entre los hombres, la violencia de algunos gestos o el simple divertimento que nos sorprende. De cuando en cuando una especie de quemadura interrumpe la secuencia humana y expande un inquietante humo negro, como si esa aparente convivencia en la diversidad estuviese amenazada o atacada por algo que permanece al otro lado. El lenguaje pictórico tan directo nos recuerda a los cómics, y la complejidad y ambición de la propuesta a esas obras que parecen haber nacido ya eternas.


Junto a ella, otros dos cuadros igualmente notables: "De la guarida de los creadores de la náusea a los estantes del supermercado", que parece una lectura de la crisis económica que vivimos, con montañas de miembros humanos amputados sobre los que se mueven convulsivamente hombres de maletín y traje negro que expulsan por la boca una especie de náusea convertida en nube gris que recorre la obra. Y un segundo, del que no recuerdo el nombre, en el que un torrente de sangre arrastra figuras arlequinescas, igualmente impactante con su crueldad de tebeo.



En la planta de arriba, 'Beatiful Losers", selección ecléctica y desigual de arte urbano que va de lo simple -y eso es lo que nunca se puede perdonar, la simpleza- a lo sugerente, como el trabajo de Mike Mills o esta Kyoto Street, de Evan Hecox:


Barceló y la bota en el cuello.

El asunto de la obra de Barceló ha acabado por convertirse en un nuevo episodio lamentable en el que la cultura ha tenido que lidiar con esa especie de vecino impertinente e invasivo que es la política. Se hace necesario que los Ministerios de Cultura y Asuntos Exteriores delimiten de una manera clara sus funciones para evitar estos esperpentos. Lo cierto es que según aparecen reguladas en el Real Decreto 432/2008, de 12 abril, que reestructura los departamentos ministeriales, la competencia de la acción cultural exterior debería corresponder a Cultura. Si comparamos los artículos en que se regulan:


"Artículo 2. Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación.1. Corresponde al Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación la dirección de la política exterior y de la de cooperación internacional para el desarrollo, de conformidad con las directrices del Gobierno y en aplicación del principio de unidad de acción en el exterior."


"Artículo 14. Ministerio de Cultura.Corresponde al Ministerio de Cultura la preparación y ejecución de la política de promoción, protección y difusión del patrimonio histórico español, de los museos estatales y de las artes, del libro, la lectura y la creación literaria, de las actividades cinematográficas y audiovisuales y de los archivos y bibliotecas estatales, así como el impulso de las acciones de cooperación cultural y, en coordinación con el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, de las relaciones internacionales en materia de cultura."


Parece claro que las funciones del Ministerio de Asuntos Exteriores estarían más dirigidas a la cooperación desde un punto de vista general, mientras que el específicamente cultural resulta atribuido al Ministerio de Cultura. El problema viene, a mi entender, por esa mención tan ambigua a la "coordinación" entre ambos organismos, que constituye el campo de batalla donde transcurren sus disputas. Quizá el motivo de que hasta ahora haya venido "ganando" el Ministerio de Asuntos Exteriores obedece al contexto político en que se creó la SEACEX. No cabe duda de que las motivaciones y fundamentos de su acción, al menos durante los primeros años, respondían a un objetivo más relacionado con la imagen internacional (e 'imperial') de España que con la cultura en sí misma. El propio acuerdo del Consejo de Ministros por el que se crea la Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior (SEACEX), de 15 de diciembre de 2.000, destaca en su punto tercero: "El objeto social de la entidad incluirá la preparación, organización, administración y celebración de determinadas exposiciones internacionales y actividades conexas a las mismas, que contribuyan a la proyección cultural de España en el exterior, bajo la coordinación de los Ministerios de Asuntos Exteriores y de Educación, Cultura y Deporte, en el marco de los criterios emanados del Consejo de Política Exterior y de la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Culturales".


Tal vez la idea inicial de configurar este tipo de sociedades estatales como medios de proyección de una imagen de país "culturalmente fuerte", por decirlo así, ha contribuido a generar una inercia en favor del Ministerio de Exteriores y en perjuicio del de Cultura, que ni siquiera existía en cuanto tal durante aquella época.
Recomiendo este artículo, bastante ilustrativo sobre la política cultural española en esos años:http://www.soymenos.net/politica_pp.pdf
En el caso de Barceló, no se alcanza a comprender por qué el tema ha quedado en manos del Ministerio de Asuntos Exteriores cuando la Fundación ONUART constituida para financiar la obra tiene como teórico objeto "promover una plataforma que permita potenciar el valor del arte como catalizador para el diálogo, como conductor del entendimiento entre culturas y sociedades" (http://www.fundaciononuart.es/es/index.php). Lo cierto es que el tema se ha llevado con torpeza, y así se ha dado pie a la demagogia habitual que carga contra el Arte y la Cultura en tiempos de crisis económica. Las declaraciones que se están haciendo desde el mundo político, en las que se pone el hambre y las vacunas de los niños en una balanza hipotética en cuyo platillo contrario estaría la obra de Barceló, producen tristeza. En especial si repasamos las causas últimas de la crisis en la que estamos envueltos. Pero todo ello no obsta para que la discusión sobre las competencias se deba aclarar de una vez, y en favor del Ministerio que por un principio elemental de especialidad ha de ocuparse de la política cultural.
En cualquier caso, esta clase de polémicas se ha de contemplar con una perspectiva adecuada, y máxime si reparamos en algunos datos cronológicos. El asunto salió a la luz a raíz de lo publicado por el diario "El Mundo". Pues bien, ha habido dos etapas muy diferenciadas en el seguimiento que ese periódico ha realizado sobre la noticia:
-Primera fase:
"Barceló muestra su obra en la ONU""Barceló les ha mostrado la evolución de su proyecto y les ha dado amplias explicaciones sobre la dificultad que ha tenido para encontrar técnicas adecuadas para una obra de esta envergadura, con una superficie de 1.500 metros cuadrados y donde ya empiezan a verse los colores azules y las olas encrespadas que evocan el mar (...)"http://www.elmundo.es/elmundo/2008/02/20/baleares/1203531734.html
"Barceló convierte la ONU en mar""La cúpula del Palacio de Naciones Unidas en Ginebra deja atrás el blanco que la recubría para convertirse poco a poco en un mar encrespado gracias a los pinceles del artista mallorquín Miquel Barceló."http://www.elmundo.es/elmundo/2007/10/29/baleares/1193673474.html
Hasta ahora, como vemos, predomina la mera apreciación estética (y hasta unos cuantos ramalazos de poesía).
-Hecho relevante intermedio (2 de noviembre de 2008):El suplemento dominical de El País publica un extenso reportaje sobre la obra de Barceló titulado "Una odisea en la ONU", con abundantes fotografías, incluida una de ellas del artista en plena creación que ocupaba la portada.
-Segunda fase (a partir de ese "hecho relevante intermedio"):
"La financiación de la cúpula de Barceló, en el punto de mira""500.000 euros de los Fondos al Desarrollo fueron a parar a la obra en la sede de la ONU en Ginebra"http://www.elmundo.es/papel/2008/11/09/cultura/2539681.html
"El arte no ayuda a los pobres""El próximo día 18, en un acto preparado con solemnidad, el Rey, el presidente del Gobierno y el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, inaugurarán la pomposamente denominada Sala de Derechos Humanos y Alianza de Civilizaciones (...)"http://www.elmundo.es/papel/2008/11/12/opinion/2541704.html
Y lo que podríamos considerar la apoteosis de la ética periodística: en la portada del 19 de noviembre de 2.008 aparece una foto de la famosa cúpula de Barceló que enfoca de cerca una de sus estalacticas de pintura. A su lado, y el mismo tamaño, la foto de un niño de color aparentemente agonizante. El titular reza del siguiente modo: "Las dos caras de la ONU. Mientras se inaugura la multimillonaria Cúpula de la Alianza de Civilizaciones, bebés congoleños mueren bajo un flexo como incubadora cerca de una base de la organización internacional en Kanyabayonga" (http://www.elmundo.es/diario/Library/portada.pdf). Sin duda que cualquier día de estos dicha portada se repetirá, pero en vez de una foto de la cúpula nos encontraremos con un fotograma de la película de Garci, 22 millones de euros a mayor gloria de Espe.
No cabe duda de que esta vez le ha tocado al pintor, como en anteriores ocasiones ocurrió con los cineastas. Cada vez que un artista de calidad se pronuncia en el plano político en un sentido contrario a los intereses de la derecha se pide su dossier, se le abre un expediente y se le pisa el cuello con la piadosa bota liberal bien bruñida. De cualquier modo, y en comparación con la altura artística y el prestigio internacional de los acusados, resulta patético el gruñido populachero y siempre mediocre de la turba acusadora. Dentro de cien años la gente continuará admirando esa obra pictórica (que, por cierto, no me parece de lo mejor que ha hecho), y en ese tiempo determinados nombres del periodismo cañí serán un mal recuerdo arrumbrado en librerías de viejo custodiadas por aguiluchos nostálgicos.

domingo, 9 de noviembre de 2008

'La educación de Oscar Fairfax', de Louis Auchincloss (Libros del Asteroide).



He empezado y dejado varias veces la lectura de esta novela o conjunto de relatos más o menos deslavazados, la pasada semana la he retomado y mi impresión continúa siendo la misma. Se trata de un libro cuya sobrevaloración nace, a mi entender, de una comprensión errada del propósito literario de autores como Henry James o Edith Warthon. Tal pareciera que todo autor que haya escrito una novela, desde finales del siglo diecinueve hasta mediados del veinte, cuya peripecia transcurra en el entorno social de las clases altas anglosajonas deba beneficiarse del padrinazgo artificiosamente asignado de tales autores relevantes. Nada que ver, sin embargo, con la notable revolución técnica, las aspiraciones estéticas e incluso la toma de posición moral que encarnaron James o Warthon. El contexto humano en que se ambientaban sus narraciones se convierte en anecdótico -a fin de cuentas era el que más y mejor conocían- frente a todo ello, de ahí su modernidad, que nos sigan hablando sobre el mundo con una voz amiga y sorprendentemente aplicable al presente. Por otro lado, tanto su prosa como el manejo de la narrativa -las decisiones sobre qué contar, cómo hacerlo y desde dónde- constituyen lecciones valiosas para el que encara la escritura y una música de fondo para el lector que, siendo apenas audible, lo conduce a nuevas formas ver y sentir.


Auchincloss es, por el contrario, un autor pegado al momento histórico, un fedatario de modos y costumbres. Autor más de comedy of manners que de estudios sobre el ser humano. Con una prosa carente de relieve nos va relatando la "educación", entendida como lenta incorporación a la viuda adulta -a la manera de la época-, de un personaje cuyo mayor valor consiste únicamente en haber estado allí, haber visto y oído. Los episodios van transcurriendo sin que nos proporcionen otra cosa que un leve entretenimiento de ésos que quizá uno agradece en verano o a lo largo de un viaje pesado -mal asunto cuando la elección de un libro determinado resulta más aconsejable en atención a circunstancias como la facilidad para transportarlo, el calor o la agresividad de los mosquitos que se ensañan con tus brazos-. Por los salones de esta novela se pasean o se mencionan el propio James, Sargent y unas cuantas figuras del poder desconocidas para el lector contemporáneo -aunque a fin de cuentas el poder siempre es desconocido en cualquier época-, algún leve enamoramiento y las tribulaciones no demasiado profundas del protagonista para encontrar acomodo en todo ese mundo. Pudiera ser uno de los episodios del ciclo novelístico de Anthony Powell, pero tomado en sí mismo dista de merecer un puesto, en mi opinión, entre lo más notable de la literatura americana del pasado siglo.

Goya y la infancia.

Encantadora serie de Goya en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. 'Juegos de niños' en los que con un pincel sutil, que a uno le cuesta apreciar en esos grandes retratos de aristocracia y aledaños, recrea o imagina escenas de inocente diversión que a veces contienen una crítica social bastante poco velada, bien sea a través de la parodia de ceremonias sociales o del reflejo descarnado de la desni¡utrición y la miseria. Me gusta el formato de pequeño tamaño combinado con una rigurosa exigencia compositiva en la disposición de las figuras y los resaltes de luz y sombras. Estos cuadros parecen espontáneos sin serlo, de forma que la frescura de los temas no se ve ahogada por la técnica. Hay una visión compasiva hacia los niños, en especial los más pequeños, siempre desvalidos y lloriqueantes, así como una especia de celebración de su felicidad, pese a la oscuridad de ese paisaje atenuado que los rodea.


Merece la pena acercarse a este pequeño museo para ver esta serie, aunque aconsejo que antes de entrar se tape uno los ojos para esquivar un busto espantoso de Doña Letizia que te encuentras junto al atravesar la puerta que conduce a las galerías. Parece uno de esos trabajos de escayola que se hacen en los colegios, y uno se pregunta a qué cabeza pensante se le ocurriría situarlo allí. Se me ocurren mil lugares donde podría estar, pero mejor me callo por una elemental prudencia política o humanitaria.

Crisis/catarsis.

El anuncio de la publicación por parte de Círculo de Lectores de una maravillosa edición ilustrada de "El retrato de Dorian Gray" coincide con una de esas semanas en las que en las que convierto mi vida en una grotesca reinterpretación del relato. Me ocurre de cuando en cuando, aunque sólo me doy cuenta de ello una vez que ha pasado. De repente, la realidad pesa. Esa única realidad posible, inesquivable y en la que no caben lecturas amables o consoladores matices. La crisis económica, el futuro, el trabajo. Da igual que tenga más o menos controladas tales facetas, que las cosas me vayan saliendo bien y reciba muestras de aprecio en ese sentido. Siempre podría hacerse más. Vuelvo a ser el niño que se pasaba los veranos estudiando los libros del año siguiente, tras haber superado el anterior con siete sobresalientes y un notable (gimnasia), el adolescente que se despertaba a las cinco de la mañana y hacía jornadas de trece horas, el adulto siempre torturado por la responsabilidad de lo correcto. ¿Y cómo me pilla esa emboscada de la realidad? Pues llevando una vida de Dorian, consistente en madrugar a las 5.45 para escribir una hora antes de ir a trabajar, en leer un rato por la tarde y en dedicar en la medida de lo posible el fin de semana a disfrutar del cine, los libros, el arte, etc. Es decir, una vida licenciosa, clandestina, prohibida por ese prejuicio atávico que me agarrota, y por un entorno en el que de no ser por el asidero de Nuri apenas puedo encontrar un punto de identificación que le dé sentido a todo (antes al contrario, sólo veo reflejos en negativo que me hacen aún más extraño). Y entonces, una mañana, te despiertas con un abrumador complejo de culpa. Y decides que el esfuerzo es inútil, para qué escribir, para qué perder el tiempo con tales actividades. A la mierda todo ello. Entonces me rebelo, abandono mis proyectos, pienso en otros distintos -y útiles- con los que incluso me comprometo. Trato de alejarme y olvidar. Descorro la cortina, veo ese cuadro donde mi doble se corrompe y se pudre y le asesto una puñalada. Pero, al igual que en la novela de Wilde -aunque necesito unos días para descubrirlo-, comprendo que a quien he apuñalado es a mí mismo. Y la figura dorianesca con la que me paseo por el mundo que me hace la vida agradable se convierte de repente en aquella otra, condenada por la putrefacción, que aparecía en el cuadro. Y repetinamente, con la misma espontaneidad, me doy cuenta de que todo ha pasado, trato de rehacer la herida del lienzo, y las cosas vuelven a su cauce. En los últimos años estas crisis de realidad se han ido espaciando, y quizá por ello se hacen más inesperadas, más dolorosas.


Es la primera vez que utilizo el blog para una de sus utilidades más universales, la catarsis personal. Hay algunos que lo hacen a jornada completa, así que espero que el/la amable lector/a sea condescendiente con esta pequeña debilidad.

Dicho lo cual, y una vez levantado del suelo, arreglada la compostura, eliminado de los hombros el polvo del camino con dos manotazos , seguimos adelante.

domingo, 2 de noviembre de 2008

"El cuento de la criada", de Margaret Atwood (Bruguera).


Ésta es una de las mejores novelas que he leído en mi vida, lo que me obligaría a rehacer la lista de hace unos meses. No sólo por lo que nos cuenta, sino porque el modo de hacerlo. Se trata de una distopía con elementos que resuenan demasiado familiares para no inquietarnos: fundamentalismo religioso, mujeres esclavizadas como sirvientas o meros mecanismos reproductores -junto con algunas privilegiadas que son entregadas en matrimonios concertados-, censura, extremo control social..., "Ojos", "Criadas", "Comandantes", "Ángeles" y las "No-mujeres" recluidas en las "Colonias". Cuántas veces hemos visto a lo largo de la historia cómo el primer punto programático de un gobierno dictatorial es adaptar el rol femenino a aquello que esos 'hombres' indignos de ser denominados como tales entienden que debe ser -para su mejor uso y aprovechamiento, claro está-. Mujeres con velo, mujeres rapadas, esclavas sexuales, vientres de alquiler, mujeres analfabetas, mujeres excluidas del trabajo o la vida social... El carácter imaginario del contexto de esta admirable historia vendría determinado porque todo ello responde a un cierto ordenamiento pseudojurídico, adoptado como siempre ocurre en tales casos en aras de 'ordenar' las cosas después de una guerra.
Pero es tal la habilidad de la narradora para ir suministrándonos información, para hacernos compartir la visión de la protagonista -una voz tan oprimida que a menudo parece indiferente-, que el efecto que nos produce como lectores resulta infinitamente más perturbador que el de una mera novela de ciencia-ficción, detenida normalmente en lo superficial. Atwood alterna el tiempo presente y los recuerdos con una voz queda y detallista que sólo en muy contadas ocasiones se permite desvelar su profunda y malherida humanidad, y así nos hace ir conociendo ese mundo extraño al mismo tiempo que ella, desasosegarnos por lo imprevisto, sentir dolor por los recuerdos y desear que todo acabe de cualquier forma. Algunas escenas son terriblemente crueles sin en apariencia pretenderlo, y las escasas veces en que se permite la explicitud no llega a abrumarnos gracias al filtro de esa voz para la que ya nada es realmente importante.
El único pero que cabría hacerle es el recurso final al 'manuscrito hallado' (en este caso 'grabación hallada') con el que trata de justificar la elección del punto de vista de forma a mi entender inapropiada, pues desvirtúa la prosa tan exacta y al mismo tiempo poética con que se nos había narrado la historia. No obstante, es cierto que también esa especie de conferencia universitaria sobre el libro que cierra la novela da pie a un nuevo augurio desalentador sobre el futuro, pues el juicio postrero sobre la sociedad de "El cuento de la criada" resulta sorprendentemente comprensivo o incluso justificador -de eso sabemos unas cuantas cosas en este país-.
Novela muy recomendable, en fin. Este año está siendo para mí el del descubrimiento de excelentes autoras a las que hasta entonces apenas conocía de nombre, y que aparecen, como es de prever, en los márgenes del canon. También está siendo el de -a través de ellas, entre otras cosas- una toma clara de conciencia sobre ciertas cuestiones de género. Aunque nada más lejos de mi intención que convertirme en esa caricatura absurda de "el amigo de las mujeres", tan comúnmente demagógica y malintencionada. No hace falta ser 'el amigo' de nada para sentirse incómodo en los parámetros sociales dominantes desde siglos -mis queridas 'Glorias de España', que he reseñado en anteriores entradas-.
Hace unos años compré una obra en cuatro tomos titulada 'Juristas Universales' en la que se daba cuenta de las biografías de unas mil personas relevantes en el campo del Derecho, al que con mayor o menor fortuna me dedico, desde Roma hasta nuestros días. Mil personas. Cero mujeres. Me ha dado por pensar en ello a raíz de esta novela.

sábado, 1 de noviembre de 2008

London Conversations

Se publica un recopilatorio de uno de mis grupos favoritos, Saint Etienne. Dejando de lado lo que pueda tAlineación a la izquierdaener de operación comercial, resulta justo que reivindiquen una discografía impecable en la que la elegancia y el encanto no han dejado de estar presentes desde el "Fox Base Alpha" al extraordinario "Tales from Turnpike House".
Hay músicos que hacen avanzar su arte (Bowie) o que condensan de manera ejemplar diversas tendencias (Prince), y hay otros que, simplemente, te hacen la vida más feliz. Saint Etienne son uno de ellos. Algunos de sus discos aparecen asociados en mi memoria a determinados momentos: por ejemplo, cuando conocí a Nuria me recuerdo escuchando a todas horas 'Good Humour' e 'Interlude', yo vivía en Gijón y ella en Alicante, la cosa estaba complicada y Pete, Bob y Sarah me ayudaron a sobrellevarla. Una de las cosas que más me gusta de ellos es su concepción del álbum como algo unitario y a menudo conceptual, pese a que sean unos grandes creadores de singles inolvidables. 'London Conversations' es una buena oportunidad para que quien no los conozca se acerque a ellos, aunque en todo caso recomiendo la escucha individualizada de sus discos, especialmente 'Good Humour', 'Sound of water', el último: 'Tales from Turnpike House', y el casi secreto 'The misadventures of Saint Etienne', que hacía de banda sonora de una peli americana independiente de lo más surrealista, y que contiene un buen puñado de temas estupendos. Este año tocaron en Madrid y no pude ir a verlos, espero poder resarcirme algún día. Aquí dejo 'Side Streets', que a veces me gusta escuchar camino del Juzgado -manda narices-.

Quemar después de leer (o incluso antes).

Estupenda película de los Cohen. Se ha acabado el comunismo. Se ha acabado el capitalismo. Ya sólo queda la idiocia.